Spanish poem
A la Virgen de Covadonga
by Antonio de Zayas (1871–1945)
Canto a la Madre del Eterno. Canto al más sublime celestial portento, numen de los filósofos de Trento, bandera de los héroes de Lepanto.
Ella del alma hespérica el quebranto cura con la eficacia de su acento, y por Ella en el patrio firmamento brilla la faz de Dios tres veces Santo.
No como antaño a idólatras augures consultaron los férvidos astures al sentir los amagos de Mahoma:
¡Consultáronte a Ti, flor impoluta, y sobre ellos, saliendo de la gruta, extendiste Tus alas de Paloma!
II
Y desde entonces, donde Tú los mandes dirigen los hispanos su denuedo, ya contra el moro alcázar de Toledo, ya contra los abismos de los Andes.
Por Ti ahuyentan heréticos de Flandes y conquistan la herencia de Manfredo y son capaces de arrostrar sin miedo empresas arduas y peligros grandes.
Recibe en tu mansión de la montaña los que te ofrecen míseros honores tus fieles hijos de la Nueva España,
y permite a su amor que humilde ponga vivo cairel de tropicales flores en tu sagrado altar de Covadonga.
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