Spanish poem
A Nuestra Señora de Guadalupe
by Antonio de Zayas (1871–1945)
El amor de invencibles capitanes que, el peso sin sentir de la armadura, escalaron en Méjico la altura de las ásperas sierras y volcanes;
el acendrado amor de esos titanes de la tierra feraz de Extremadura, de cuyos montes en la fronda oscura sintieron de poder locos afanes,
destella con eternos resplandores del Tepeyar desde el alcor bravío, del valle inmenso hasta el tapiz de flores;
concentrado en la Imagen soberana de la Madre de Dios que, de Luz Río, se proyecta en la tierra mexicana.
II
Y la Madre de Dios es tan clemente que su divina protección no niega ni al indio ignaro que a sus plantas ruega ni al prócer más soberbio y displicente.
Su inmaculado Corazón es fuente que los sencillos corazones riega cual los claros arroyos en la vega de los dorados trigos la simiente.
Y por ella del llano en los jardines y de la azul montaña en los confines la cizaña los gérmenes no esquilma.
¡Y es tan humilde, que morar le agrada con los míseros hombres, estampada de un campesino crédulo en la tilma!
III
Azucena del huerto mejicano: en su horizonte estrella refulgente, cedro del Anahuac, limpio torrente donde la sed de amor sacia el cristiano.
Cundan las bendiciones de tu mano del Norte al Sur, del Véspero al Oriente, y el Sol de la Verdad que arde en tu frente disipe de las dudas el arcano.
El divino fanal de tus favores alumbre el corazón del hombre ciego que del error en el redil se encanta.
¡Y germinen en él las mismas flores, humilde ofrenda del humilde Diego y sacro nimbo de Tu Imagen Santa!