Spanish poem
Al Apóstol Santiago
by Antonio de Zayas (1871–1945)
Santo Patrono de España, orgullo de sus linajes, alumno de Jesucristo, Apóstol de sus verdades;
tú, abandonando las redes con que peces de los mares pescabas, lejos del mundo y de sus pompas falaces,
la red del Santo Evangelio tendiste en cumbres y valles, de Motril a Finisterre, e ingenuas almas pescaste.
Si fué tu trabajo rudo, fué tu cosecha abundante, trasunto de la copiosa del lago de Tiberiades.
En los pensiles de Elvira tú, del Genil a la margen, la primer Misa española con pura unción celebraste.
Tú a Compostela quisiste legar tus restos mortales, milagrosos cual de santo, redentores cual de mártir.
En los perennes peligros de las contiendas alarbes, jinete entre blancas nubes, blandiste gladio flamante,
para acorrer providente los cristianos estandartes, no con venganzas de Júpiter, sí con justicias de Arcángel.
Osma, Clavijo, Simancas, evocan sangrientos lances, exaltación de las cruces, desdoro de los alfanjes.
De tus valientes cruzados que al pecho llevan unánimes flordelisado mandoble teñido en purpúrea sangre,
digan las muchas hazañas, cuenten el recio coraje, feroces almoravides e insolentes almohades.
De la Torre de la Vela tu pendón, en el adarve, flotó sobre los escudos de prelados y magnates.
Rizaron sus albos pliegues del Atlas sutiles aires, copiaron su rojo emblema aguas de Túnez y Tánger.
Tu nombre en la hispana hueste aún es señal de combate, como en montes de Calabria ayer, y en dunas de Flandes.
Y al escucharlo, las olas del mar inmenso que bate las costas del Inca imperio, las islas de Magallanes,
en un inmortal ocaso vinieron a anonadarse ante los áureos castillos y los leones rampantes.
Tu insignia adorna los pechos de artistas y capitanes que, con asombro del mundo, espada y péñola blanden.
Calderón, Solís, Quevedo, Pizarro, Cortés, Velázquez, con tu litúrgico manto quieren cubrir sus cadáveres.
Y los egregios virreyes Mendoza, Velasco, Falces, Villamanrique, Cerralbo, Priego, Alburquerque, Linares,
Amarillas, Casa-Fuerte, ornato de los anales de Nueva España, ostentaron también en los negros trajes,
en las bordadas casacas o en los arneses marciales, tu misma sagrada enseña, blasón de españoles Martes.
¡Antorcha de insignes tercios, del Reino de España padre, broquel que a mi Patria libras de pérfidos golpes, salve!
El raudo bridón no enfrenes, la limpia espada no envaines, ni tus benignas miradas de nuestros predios apartes.
Oye propicio las preces que ante tu tumba levanten señores de rancia alcurnia, labriegos de hercúleo arranque,
enamoradas doncellas, diligentísimas madres, abnegados sacerdotes, obedientes militares,
industriosos mercaderes, magistrados intachables, animosos jornaleros y candorosos infantes;
y haz que tu excelsa doctrina temple de España el carácter, sus nobles pueblos ilustre, su trono espléndido ampare,
y que, en los tiempos futuros, como en las áureas edades, siga cundiendo en el orbe la clara voz de Cervantes.