Versos Spanish Antonio de Zayas Bernal Díaz del Castillo

Spanish poem

Bernal Díaz del Castillo

by (1871–1945)

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Este fiel cronista, este hombre de guerra, cuya indocta péñola parece una rama de agreste romero o arisca retama de alcor perfumado por aire de sierra: por aire de sierra de hispánica tierra, que al niño más débil convierte en gigante, da fuerza a los puños, nobleza al talante y viles pasiones del alma destierra.

Este audaz soldado que el brazo ejercita, los ojos aguza, sojuzga los nervios, en lid contra aztecas caciques soberbios que en hondos abismos Cortés precipita; los grandes portentos que ve no recita, sino en prosa narra, que escribe despacio sin reminiscencias del arte de Horacio ni de los preceptos del Estagirita.

Familiarizado con el dios bifronte, contemplando ecuánime reveses y hazañas, se abrasa en secanos, confórtase en brañas y ve, a cada aurora, un nuevo horizonte. Y amistad con Clio trabando en el monte, después los recuerdos ordena en el soto que, escritos, haránle rival de Herodoto y tan fidedigno como Jenofonte.

El concepto justo, la emoción lozana, imparcial el fallo, comedido el tono, sus relatos, limpios de envidia y de encono, tienen la pureza de una azul mañana. Y diáfanos fluyen cual de una fontana la linfa en arroyos por el verde otero, y están impregnados de olor de romero, color de amapola, sabor de manzana.

Su fresca memoria ni olvida ni miente; la rudeza misma de sus expresiones sabe apoderarse de los corazones cual jamás lograra discurso elocuente. A fuer de labriego, dice lo que siente: a fuer de hijodalgo, siente lo que dice, sin que en sus comentos jamás se deslice ni baja lisonja ni insulto estridente.

Su péñola cuenta lo que hizo el acero por bosques y ciénagas tenaz peregrino, con el desengaño de un buen campesino, con el desenfado de un buen caballero. Y, cabeza firme, corazón entero, en armas diserto y en letras profano, el vigor del mílite, la fe del cristiano sazona con chanzas del aventurero.

Bienhaya este hidalgo que, sagaz la vista, prodigioso el tacto y alerta el oído, por la sabia industria de Cadmo, ha sabido de la Nueva España fijar la conquista. ¡Gloria al buen soldado, honor al cronista que los españoles fastos interpreta con las desnudeces de un anacoreta y las certidumbres de un evangelista!