Versos Spanish Antonio Lussich La entrevista

Spanish poem

La entrevista

by (1848–1928)

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BALIENTE Allí viene ño Giménez con su amigo acoyarao, ¡pucha que es abarbarao como chivo es ese nene!

JULIÁN Aquí traigo el foragido conozca usté estos paisanos, son dos güenos campusanos de nombres muy conocidos.

LUCIANO SANTOS La pinta ya les he visto 2005 cuando aqueya rilasión, y lo que es ño Centurión le asiguro que no es cristo.

De Baliente, ¿qué diré? Es moso serio y formal, y como güen oriental le tengo muy mucha fe.

Alarguen aquí su mano porque la quiero apretar, dende ya pueden contar con la amistá de Luciano.

Y sepan mis compañeros, que el gaucho que ustedes ven, ha solido andar también mucho tiempo de matrero; pero nunca jui cuatrero ni al verme necesitao; y si del hambre acosao le he caído al ganao ajeno, pa los dueños del terreno siempre el cuero le he dejao.

CENTURIÓN Amigaso el payador, yo quiero hacerlo compadre, siempre de que a usted le cuadre permitirme tal favor, suelo privar de cantor y en esto a naide embidéo, porque cuando yo puntéo la guitarra pa templar saben bajarse a escuchar hasta las aves del cielo.

Ayuntaos, en güenos fletes, con facón y garabina, llevando en la anca una china sabrosa y de rechupete, busque usté quien nos sujete ni se nos ponga poelante, valor tenemos sobrante pa arroyar un cuadro entero, y ha de ser más que lijero quien nos madrugue o espante.

Semos sin yel pal amor, su trampa no nos aterra, si alguna vez nos encierra saldremos como el mejor;

No hay ejemplo, ni temor que de firme se nos prienda, no cabristiamos con riendas. Y nos sobran los ardiles; ¡juera cosa de muy viles, dejar que naide nos venda!

JULIÁN Hermanos, que intusiasmaos en poco rato los vemos, y nosotros, pobres, semos por ustedes despreciaos; cuatro nos hemos juntao y de acá se separaron, y a jurarse comensaron fidelidá hasta la muerte, y abandonada a su suerte a esta yunta la dejaron.

LUCIANO Nunca crean que dos liales han audao jamás con tretas, le juimos a las gambetas y nos gusta ser legales; los cuatro semos iguales, y todos dende este día prometamos a porfía vivir en cordial unión, si creen güena la openión siempre ha sido esa la mía.

JULIÁN Si este Luciano es matarse, en la vida queda atrás, hecha un voleao y sas tras hace a cualquiera enriedarse.

LUCIANO Soy sino verdadero y sigo mi rastriyada, siempre verán mis pisadas que dejan la mesma güeya, Santos no es de pura peya ni se sienta en la tirada.

JULIÁN Los cuatro semos bien crudos y en chicas no nos paramos, si en nuestro paso encontramos a quien pegarle un tirón, al otro mundo lo echamos sin darle la bendición.

LUCIANO Si el hombre se ve acosao cuando su suerte es tirana, no debe esperar mañana sino peliarla dende hoy que dice el que no es macana hombre nací, y hombre soy.

Soy oveja con los güenos con los malos yo soy lión, no me añuda la razón el hombre más entendido, ¡sólo tengo corazón pa yorar mi bien perdido!

CENTURIÓN ¿Don Luciano? ¿Qué nos dice?

LUCIANO Lo que oyen compañeros, tuve una mujer que quise y yoro ese amor primero...

La guerra con sus quebrantos y mi ausencia de su lao, le causaron males tantos que esa estreya se ha apagao.

Mi sola esperanza ha sido poder hacerla dichosa, era una hermana amorosa ¡Pobrecita! ¡La he perdido!

Murió como una violeta que la helada marchitó, El sol que la sustentaba de alumbrarla se cansó.

BALIENTE Hoy nos hemos encontrao cuatro aparceros riunidos, y cada uno ha referido la historia que le ha pasao, usté tuabía no ha contao la suya, que ha de ser güena, echése atrás la melena y apriétese el tirador, que el cuento de un payador será como luna llena.

LUCIANO Cuando la paz se firmó jui pa mi pago rumbiando, llegué a mi rancho cantando pero el canto se acabó; porque triste vide yo que todo lo que dejé ¡ya nada quedaba en pie sino una triste tapera! ¡Es la guerra cosa fiera, sólo su rastro se ve!

De mi haciendita y manada un corral y una quintita sólo vi una que otra pita por allí desparramada; ansí es la suerte malvada del que lo azotó el destino. ¡Y el que nació con mal sino de la vida en los imbiones, cardos y tribulaciones sólo hallará en su camino!

Tan luego que feneció la que me sirvió de guía: y güérfana la prenda mía desamparada se vio, al mundo se abandonó. Pobre pájaro sin nido, pronto sabrán lo que ha sido de tan desdichado lirio, que en su vivir, un martirio siempre costante ha tenido.

Yo por ella pregunté, naide sabía onde estaba, a mi santo le resaba con devosión y con fe, hasta que el fin la encontré en una sanja tirada, con las ropas destrozadas en la última agonía, ¡Puede que a Dios le pedía, verme en su última boquiada!

De los ojos me corrieron cual gotas de plomo hirviente dos lagrimones ardientes que en su mejiya cayeron, y los suyos se entreabrieron mas sólo pudo decir que dispués que vio morir a su madre tan querida, como fiera perseguida de aquel rancho quiso juir.

Desdichada pelegrina por el rigor acosada, ovejita descarriada ausente de su rebaño se vio sola y entregada del mundo a los desengaños.

Para pior calamidá un vil que la perseguía, por medio de su falsía mil promesas le hizo creer, ¡y su honor dende ese día vino engañada a perder!

Al saber su desventura jue más grande su desvelo, levantó la vida al cielo, se entregó ciega a la suerte esperando su consuelo en los brazos de la muerte.

En ese estao la encontré su cuerpo yeno de abrojos, y cuasi serraos los ojos y los pieses descarnaos, sus güesos ya estaban flojos; ¡cuánto en el mundo ha penao!

Al menos me consolé de que muriera en mis brazos. Abrí un hoyo a pocos pasos donde su cuerpo enterré; y para una cruz corté madera de unos orcones, y resándole oraciones la puse en su cabecera, pa cuando a verla bolbiera poder dar con sus terrones.

Y ayí mesmo arrodiyado con projunda contrición, a Dios le pedí perdón por sus culpas y pecados.

Monté mi flete y salí, más triste que sepoltura. Vide una estancia en la altura de una cuchiúya y me fi; yegué al tranquito hasta ayí pedí permiso pa apiarme, no se negaron en darme, que dentrase me embitaron, y tanto me agasajaron que comencé a consolarme.

Mis pesares les conté para descargar mi alma, y así hallar la dulce calma que nos da valor y fe; de ahí con ellos merendé; y jueron tan empeñosos que más de una vez yorosos sus tristes ojos se vieron; ¡Tal vez que también sufrieron contratiempos dolorosos!

Madrugué al siguiente día, el patrón me yamó a un bajo, y ofertó darme trabajo si quedarme ayí quería, y que a su lao me tendría pa que ganase mi pan ¡Me quedé, hermano Julián, tan contento de esa dicha que por cuasi las desdichas en la ocasión se me van!

Salimos pronto e tropiar, y con ganao del rodeo me mandó a Montevideo pa que lo juese a entregar, y aura acabo de yegar y aquí comienza el rilato, que lo largo de barato al rilatador mejor, pues Luciano el payador para prociar no habre trato.

Aquel es un gran corral de hacienda de tuitos pelos, y decirlo no recelo que en tan gran merenjenal si beyaquéa un bagual y sale haciendo cabriolas, ¡no le atajan ni con bolas la lengua!.... dicho de paso, porque es charlar amigaso sin aflojar la birola.

Por aura dejo los trances De mi vida pelegrina, pues sin variar de dotrina es muy fácil que los canse.

Y dispués preseguiré el ya comenzado cuento dende mi cruel nacimiento hasta la hora en que me ven.