Spanish poem
Epigramas
by Antonio Plaza (1830–1882)
Al cortarse un usurero las uñas, exclamó Lino: Va a perder este grosero lo único que tiene fino. Recortadas, las tiró saliéndose a poco rato; vino su gato, las vio, y le dio hipertrofia al gato.
Entraba un recién casado al taller de un peinetero, y oliendo a cuerno quemado se paró muy asustado a sacudir el sombrero.
Iban a matar un chivo, y Cenobio lo evitó. Su mujer le preguntó: ¿Para qué lo quieres vivo cuando es inútil así? El dijo entonces: «Señora, lo que hago por él ahora mañana lo harán por mí».
Inés mira con enojo a Pablito el diminuto; pero el rico don Canuto ese sí le llena el ojo.
«Qué tonta es mi hija Librada», dijo el buen Juan Acevedo; sólo mi hija la casada esa no se mama el dedo.
Casó la niña Villegas con un rico, sordo y mudo; porque resistir no pudo al poder de sus talegas.