Spanish poem
Sor Ramona
by Antonio Plaza (1830–1882)
La madre Sor Ramona de San Jerónimo, suspiraba una tarde rezando en coro. ¡Cruel dolencia! amaba como burra su reverencia. Un cojo mozalbete, chato y robusto, encendió de la monja el seno túrgido. El caballero, ejercía de sacris y campanero. Con el pecho inflamado de honda ternura, y los ojos radiantes de llama lúbrica, seria cual geólogo, forjó la reverenda este monólogo: «Absalón de mi sueño, turris davídica, tú de mis ilusiones eres Bautista. Y yo contigo, de la ilusión mundana abro el postigo. Si entonáramos juntos gloria in excelsis, cumpliendo aquel mandato que dice: créscite, fuera dichosa como entre los pensiles mística rosa. Mi padre San Jerónimo guardó el ayuno para leer las hojas que escribió Tulio; si yo leyera el amor en tus ojos, me los comiera. Ojalá que triunfara Juárez el lindo, y volvieran las monjas a ver el siglo; aunque Pío nono fulminase una encíclica llena de encono. Ojalá que vinieran esos ladrones, quemando del convento hasta la torre; aunque un chinaco me dejara sin toca y sin los hábitos. Mis votos imprudentes ¡cuánto me pesan! el in dolore paries mejor quisiera. Feliz la chica que en el vaivén del mundo se multiplica. Tentaciones horribles me pone el diablo, que a conjurar no basta ni San Hilario; y si me azoto, aumenta con extremo este alboroto. Y si orando en mi celda me quedo estática, un pajarillo viene a mi ventana; entre las flores abre su pico y trina canto de amores. Sacristán, si te miro, me quema un fuego rojo, como la lumbre en que arde el réprobo; mi amor delira, y ardo como el ropaje de Dejanira».
Amó tanto la monja que le dio fiebre; sin que de amar por eso se arrepintiese. ¡Pobre criatura! se la llevó al sepulcro la calentura. Sobre su losa yerta después pusieron este humilde epitafio, no muy correcto: Viador, entona un requiescat in pace, a zorra mona. El sacristán largóse; y en San Jerónimo no admiten sacristanes chatos, ni cojos; porque es adagio que en monjil calentura siempre hay contagio.