Spanish poem
A Federico
by Federico Balart (1831–1905)
Niño que al triste fulgor de mi estrella amortecida vas penetrando en la vida por la senda del dolor; que, angustiado cuando ves mi tormento y mi martirio, vives mustio como un lirio nacido al pie de un ciprés, y con infantil piedad, compartiendo mi agonía, ni aun buscas la compañía de los niños de tu edad: cuando, en presencia de Dios que nos ve desde la cumbre, al dulce amor de la lumbre solos velamos los dos, y corren, sin que yo quiera, mis lágrimas silenciosas entre las ondas sedosas de tu rubia cabellera, y en mi agitado interior, con lucha terrible y muda, combaten la fe y la duda, la esperanza y el temor, aunque por tu edad ignoras lo duro de estas batallas, me ves silencioso y callas; me sientes llorar, y lloras; y entonces, de una pasión a otra pasión arrastrado, por dos fuerzas desgarrado se me parte el corazón. Temblando, el llanto reprimo; en mi congoja sombría, miento frases de alegría y el labio en tu frente imprimo; que aunque mi aflicción es tanta y es tan acerbo mi mal, no han de ser ellos dogal de tu inocente garganta. Procurando tu ventura, el voto debo cumplir de la triste que al morir te encomendó a mi ternura. Crece, sí, mi dulce amor; nada perturbe tu calma, que aun no tienes, niño el alma templada para el dolor; ni puede querer tu mal la que, previendo mi duelo, me dejó para consuelo tu sonrisa angelical. Vida de bien tan avara presta a tu infantil belleza una sombra de tristeza que más hermoso te para; mas ¡ay! me aterra pensar que mi constante amargura puede aumentar tu hermosura con la sombra de un pesar. En este ambiente nocivo del dolor, que es mi elemento, por ti solamente aliento, por ti solamente vivo; y cuando, exaltado y loco, toda esperanza perdida, juzgo imposible la vida y a voces la muerte invoco, pensando en tu porvenir siento en las arterias frío... ¡Crece, crece, niño mío, por que pueda yo morir!