Versos Spanish Federico Balart Desde el promontorio

Spanish poem

Desde el promontorio

by (1831–1905)

Listen in the reader

En la Magdalena, cerca del Puntal, donde acaba el puerto y entra la alta mar, sobre el promontorio que al estrecho da, las revueltas olas me paré a escuchar. Desde allí los ojos, en la soledad, horizonte inmenso logran dominar. Cuando inquieto y vario, de mudable faz, siempre parecido, pero nunca igual: olas encrespadas que avanzando van; blancos hervideros que alza el vendaval; crestas infinitas, en que ofusca al par con lo innumerable lo descomunal; pálidas neblinas que a la costa dan algo de ilusorio, mucho de espectral; nubes que semejan cráter de volcán; lívidos destellos en su oscuridad; blancas gaviotas que, con vuelo audaz, las turbadas ondas rasan al pasar; vaga transparencia, negra opacidad, que en el agua inquieta cambian de lugar; monstruos que el abismo lanza horrible al haz de la mar que vela su profundidad; ásperos efluvios de alga y ova y sal, varonil aliento de la tempestad; brumas desgarradas por el huracán; velas que se pierden en la inmensidad; inquietud perpetua, perdurable afán: nunca el agua en calma, nunca el viento en paz; y al lejano extremo de esta enormidad, tras el velo tenue de vapor fugaz, inmutable, fija, luenga, colosal, lisa, llana y triste como la verdad, entre mar y cielo línea horizontal que parece el linde de la eternidad. En las hondas cuevas que a mis pies están, eco del abismo, grito sepulcral, queja que a las olas clama sin cesar: «¿cuándo vuestro embate, cuándo cesará?» Mientras las rompientes con furor tenaz roncas le responden: «¡Oh! ¡jamás! ¡jamás!» Ante aquella lucha ciega y pertinaz, me embargó la mente vértigo infernal. Aparté la vista, retiré la faz; y, al cerrar los ojos, descubrí otro mar: mar donde se funden sueño y realidad, y lo inverosímil es lo natural; mar donde terribles turban toda paz las eternas luchas entre el bien y el mal: lánguidos desmayos de la voluntad; voz de la esperanza, siempre desleal; sombras de la duda, luz de la verdad; el dolor perenne y el placer fugaz; ¡y es que al duro embate de la adversidad, ver el alma humana siempre es ver el mar!