Spanish poem
Exhortación
by Federico Balart (1831–1905)
El sol de nuestra vida desde su alegre aurora palidece, y su antorcha encendida rayo a rayo decrece, hasta que en el ocaso desparece. ¡Placer, amor, belleza (frutos precoces que jamás maduran), honor, gloria, riqueza, cuando mejor fulguran, destellos son no más que un punto duran! No pongas tu esperanza jamás en tan efímeros trofeos, y, con mayor pujanza, a más altos empleos encamina tu audacia y tus deseos. Nunca pechos honrados con aplausos humanos se enardecen: los laureles sagrados que eternos reverdecen al otro lado de la tumba crecen. Allí la soberana luz del Supremo Bien pura destella, y la gloria mundana parece, a la par de ella, lo que a la par del sol pálida estrella. Mas, si gozarla quieres, con incesante afán trabaja y suda: no esperes ¡ay! no esperes que a tu codicia ruda sin labor ni semilla el campo acuda. Los inquietos cuidados, los duros sacrificios, los desvelos en el bien empleados, los férvidos anhelos llaves son de la puerta de los cielos. No en inacción menguada mires las prestas horas ir volando; la bóveda estrellada, vueltas y vueltas dando, va el hilo de tu vida devanando. Ni el nocturno beleño esperes al nacer el alba fría, ni al entregarte al sueño en la noche sombría cuentes con el albor del nuevo día. ¿Piensas, piensas acaso que eterna dura la existencia humana? ¿O, al teñir el ocaso de ópalo y oro y grana, te ha prometido el sol volver mañana? En las claras auroras como en la sombra de la noche oscura, pasa en afán tus horas: ¡no esperes la futura, ¡ay! que ni la presente está segura!