Spanish poem
Insomnios
by Federico Balart (1831–1905)
Ella mitiga mi pena; ella mis faltas perdona; ella mi mente serena: mi Dolores es tan buena que ni aun muerta me abandona. Yo, que a par del bien que espero mundo y vida tengo en poco, con profundo amor sincero, como a un ángel la venero, como a una santa la invoco; y ella, si en negro crespón a envolver la duda alcanza mi vacilante razón, me ilumina el corazón con un rayo de esperanza. En estas noches sin sueño, cuando tenaz y traidora, neutralizando el beleño, me agita con duro empeño la fiebre devoradora; cuando aguardando impaciente la luz del cercano día que aún no despunta en oriente, siento correr por mi frente sudores de la agonía; mientras implacable y fiera se acerca a pasos traidores la muerte a mi cabecera, la sombra de mi Dolores es mi mejor enfermera, ¡Cuántas veces, a mi cita, conmigo viene a velar esa aparición bendita, sin cuyo amparo, en mi cuita, nunca puedo descansar! Como niebla misteriosa penetra en mi habitación; su mano en mi pecho posa, y su sonrisa piadosa me dilata el corazón. Por el cuello me echa el brazo, con el labio me alza el ceño, y en ese místico abrazo, sobre su dulce regazo logro conciliar el sueño. Santa sombra bienhechora que siempre a mi lado hallé compasiva y protectora, ¡sostén mis pasos ahora que pongo en la tumba el pie! Ciñe a mi sien el beleño que calma toda ansiedad; y así, en deliquio halagüeño, duerma yo contigo el sueño que dura una eternidad.