Spanish poem
Valle-hermoso
by Federico Balart (1831–1905)
Valle-Hermoso, Valle-Hermoso, ¡qué mal tu nombre te cuadra! Ni ramas te prestan sombra, ni flores tu suelo esmaltan. Inmunda charca es tu fondo, tristes collados tus bandas, que el cierzo hiela en invierno, que el sol en verano abrasa. Ni las aves te visitan, ni te conocen las auras, ni en la arena de tu suelo la oveja su huella estampa. Tu música son los golpes del martillo y la almádana con que el adusto cantero tosco granito desbasta: y tus aromas y esencias, los insalubres miasmas de dos fétidos tejares que densa humareda exhalan. Valle-Hermoso, Valle-Hermoso, ¿por qué a tu estéril comarca, cuando triste muere el día, triste dirijo mi planta? ¿Qué irresistible atractivo, qué oculto misterio guarda para mi errabunda mente tu arena inhospitalaria? ¡Ay! que en la yerma colina que tus términos señala cipreses de un cementerio las negras copas levantan; y, en el muro que los cerca, breve blanquecina mancha con poder irresistible ya es imán de mis miradas. No es mucho ¡ay de mí! no es mucho que a ti el corazón me traiga: ¡no es mucho, que tengo amores ocultos tras esas tapias! Si lo dudas, Valle-Hermoso, testimonios no me faltan. Díselo tú, vida mía, díselo tú que me aguardas. Dile, dile cuántas veces en vigilia solitaria, de rodillas a esas puertas logró sorprenderme el alba. Dile que por tus amores las tinieblas no me espantan, ni las lluvias me intimidan, ni las nieves me acobardan; que aquí mi afán se mitiga y aquí mi mente se explaya, y aquí mis dichas se encierran, y aquí mora mi esperanza. Ya estos sauces me conocen, y estos cipreses me llaman, y estos senderos conservan la señal de mis pisadas. Lindero es ya de dos mundos la losa que nos separa: tú, en uno, duermes sin vida; ¡yo, en otro, velo sin alma!