Spanish poem
Los Recuerdos
Auras, perfumes de junquillo, trino de aves amigas, rodeadme: siento el antiguo placer, aquel contento que en tiempo a mis amores; imagino de mi joven cantor sonar vecino el palpitante, apasionado acento y las yerbas temblar que sacudía su planta cuando a mí se aparecía. ¿Quién no tiene recuerdos deliciosos de edad mejor ¡ay!, aunque joven sea? Siempre el pasado tiempo nos recrea velado de atractivos misteriosos; por esos de la infancia venturosos diera el joven el brillo que rodea su lozana existencia, y cada hora presente por pasado... ¡Ley traidora! ¿Qué son nuestros recuerdos, son delirio, infortunio, ventura, desconsuelo? ¿Cuál intento será que tuvo el cielo darnos en ellos bien, darnos martirio? Cuando veo que un blanco, débil lirio, de los mezquinos que produce el suelo, mi antiguo amor despierta, impulsa, enciende, ¡oh! exclamo ¡santo Dios!, ¿quién os comprende? ¿Qué ven, qué escuchan, pobre Carolina, en la luz y el silencio ojos y oído? ¿Qué hay en la flor, que hay en la sombra, el ruido que penetra en tu ser y te fascina? Sobre la copa de la misma encina el sol que tantas veces ha lucido, la brisa de la antigua primavera, ¿por qué te agitan cual por vez primera? Yo nada sé; filósofos profundos que los misterios de la vida entienden, sabrán de aquellos que el espacio hienden en recuerdos espíritus fecundos; yo las leyes ignoro de esos mundos que los sabios dignísimos comprenden; pero sé que en la tierra, peregrinos, hay espíritus mil que son divinos. Si fábrica de barro contrahecha a quien faltó la esencia para un alma, hombre estúpido, cuerpo siempre en calma, la vida del espíritu desecha; si juzga que de tierra sola es hecha la criatura, que aspira a eterna palma, es porque, en piel humana, ser de bruto a su reino animal paga tributo. Pero vosotras que gozáis, criaturas, la inspiración real del sentimiento, no os mofaréis porque en la luz y el viento mi amor habite, y en las flores puras; la yerba que tapiza las llanuras, la nube que atraviesa el firmamento, hacen surgir memorias olvidadas en las almas por siempre enamoradas. Duermen como la oruga-mariposa, se ocultan sin cesar, como la luna, decrecen, como el mar, pero ninguna muere aunque mengua, velase o reposa; se reaniman al sol, la noche hermosa las hace aparecer una por una y, cuando más lejanas de la idea, las lleva al corazón recia marea. Auras, perfumes de junquillos, trino de aves amigas, me agitáis, os siento, de espíritus ocultos sois aliento, sois guardadores de mi amor divino: venid al valle triste en que imagino sonar de mi cantor el tierno acento; ¡placeres, dadme, en la ilusión hermosa ya que en la realidad no soy dichosa!