Versos Spanish Carolina Coronado Por Qué Tiembla? -No Lo Sabe

Spanish poem

Por Qué Tiembla? -No Lo Sabe

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¿Por qué tiembla? —No lo sabe. ¿Qué aguarda en el lago? —Nada.— De las aguas enlazada a los hilos su raíz, el movimiento suave de la linfa va siguiendo, la cabeza sumergiendo del agua, al menor desliz. Así la halló la alborada, así la encuentra el lucero, siempre el esfuerzo postrero haciendo para bogar; y en las olas la encallada, vaga y frágil navecilla sin poder la florecilla impeler ni abandonar. Movimiento que no cesa, ansiedad que se dilata, ni el agua que sus pies ata sostiene a la débil flor, ni deja, en sus olas presa, que vaya libre flotando, quiere que viva luchando siempre en continuo temblor. ¡Ya se inunda!... ¡Ya se eleva!... ¡Ya la corriente la traga!... ¡Ya navega... ya naufraga! ¡Ya se salva... ya venció! ¡Ya el agua otra vez la lleva en sus urnas sepultada!... ¡Ya de nuevo sobre-nada en el agua que la hundió!... Flor del agua, ¡cuántas flores viven en paz en la tierra! Sola tú vives en guerra en tu acuático jardín: te da la lluvia temores, el manso pez te estremece y tu belleza parece sin gozar descanso, al fin. Tú, poetisa, flor del lago, por amante, por cantora, has venido en mala hora con tu lira y tu pasión; que en el siglo extraño y vago a quien vida y arpa debes dondequiera que le lleves fluctuará tu corazón. Que las cantoras primeras que a nuestra España venimos por sólo cantar sufrimos, penamos por sólo amar; porque en la mente quimeras de un bello siglo traemos y cuando este siglo vemos no sabemos do hogar. Las primeras mariposas que a la estación se adelantan y su capullo quebrantan sin aguardar al abril, nunca saben temblorosas adonde fijar las alas, siempre temen que sus galas destroce el aire sutil. Las ráfagas las combaten, las extrañan los insectos y de giros imperfectos si cansado el vuelo ya, sobre las plantas lo abaten buscando el capullo amigo hallan que néctar ni abrigo la flor en botón les da. Las orugas que encerradas aún están en sus clausuras mañana al campo seguras podrán sus alas tender; mas, aquellas desdichadas que antes cruzan la pradera ¡morirán, la primavera risueña, sin conocer!... ¿Cuál es tu barca? —Una lira. —¿Qué traes en ella? —Sonidos. —¿Vuélvete, que no hay oídos para tus sones aquí; vuélvete joven, y mira si en tu barca, más sonoro, puedes trasportarnos oro u otro cargamento así. ¿Quién te llama? ¿A qué nos vienes con peregrinas canciones El trueno de los cañones del siglo el concierto es, y en vano sus anchas sienes pretenden ceñir de flores, ¡ay! sus pies destrozadores hollarán cuantas te des. ¿Vienes de nuevo, alma mía, qué traes en la barca? —Amores—. Torna a otras tierras mejores, torna el camino a emprender; si es oro nuestra poesía nuestros amores son... nada. Ve si la nave cargada de cetros puedes traer, Que, si no de amor, tenemos tan elevadas pasiones que sentimos ambiciones de un cetro cada garzón; y cada garzón podemos con nuestros genios profundos media docena de mundos fundir en una nación.— ¿Otra vez? ¿Qué traes ahora?... Siempre en el mismo camino sobre el cauce cristalino en su barquilla la flor: así la dejó la aurora, así la encuentra el lucero siempre en el afán primero, siempre en el mismo temblor. Tú, poetisa, flor del lago, por amante, por cantora has venido en mala hora con tu amor y tu cantar: que en el siglo extraño y vago, a quien vida y arpa debes, dondequiera que la lleves puede el alma naufragar. Mas, escucha no estás sola, flor del agua, en el riachuelo; contigo en igual desvelo hay florecillas también: que reluchan contra el ola, que vacilan, que se anegan, que nunca libres navegan ni en salvo su barca ven; Pero, enlazan sus raíces a la planta compañera y viven en la ribera sosteniéndose entre sí: y cual ella más felices desde hoy serán nuestras vidas si con las almas unidas, vivimos, las dos así.