Versos Spanish Carolina Coronado Se Va Mi Sombra Pero Yo Me Quedo. A Mis Amigos De Madrid

Spanish poem

Se Va Mi Sombra Pero Yo Me Quedo. A Mis Amigos De Madrid

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¡Oh generosa luz, oh hermoso Oriente del pensamiento que buscaba el mío, siempre confuso y ciego en el sombrío y solitario claustro de mi mente! ¡Oh luz amada, luz resplandeciente, en cuyos rayos mi esperanza fío, luz de mi alma, luz de mi deseo, que iluminas al fin, que al fin te veo! Luz de gloria inmortal, que en ígnea rueda brillas sobre la estatua de Cervantes, brillas sobre los huesos palpitantes del desgraciado Larra y de Espronceda; no importa que la suerte me conceda para verla no más breves instantes, pues siempre verla y adorarla puedo, porque se va mi sombra y yo me quedo. Frentes marchitas, de estudiar cansadas, ánimos nobles, de luchar rendidos, poéticos espíritus caídos, generosas ideas desmayadas; yo, que del campo allá en las retiradas soledades, guardé de mis sentidos el entusiasmo, consolaros puedo porque se va mi sombra y yo me quedo. Aquí para cantar y aquí mi oído para escuchar, amigos, vuestro canto, y aquí estará mi ser, aunque entretanto os diga la ilusión que ya he partido; ¡loca ilusión! Engaño del sentido pensar que os dejo y que derramo llanto, pensar que sufro y que dejaros puedo cuando se va mi sombra y yo me quedo. Aquí para labrar de la poesía la dura tierra donde el lauro crece, mi corazón, que nunca desfallece, os seguirá constante en la porfía; para dar mi tributo de armonía, para animar al triste que padece, para sufrir, si consolar no puedo, aunque vuele mi sombra yo me quedo. De las amigas manos las palmadas aún escucho el dulcísimo ruido bien sabéis que por cada una he vertido dos lágrimas profundas y abrasadas; no me diréis jamás que mal pagadas por este corazón ardiente han sido, cuando jurar por vuestra gloria puedo, que huye mi sombra, pero yo me quedo. ¿No es verdad que es muy triste en la morada del solitario valle hundir la vida, y no ver en el agua adormecida sino la propia imagen retratada? Por eso vine enferma y lastimada, y no quiero tornar más abatida, y por eso, no más, Dios me concede que se vaya mi sombra y yo me quede. ¡Ay! aunque os digo «adiós» yo no me alejo, es mi sombra no más la que mañana volverá a retratarse en el espejo del insalubre y muerto Guadiana; aunque soñéis en la ilusión que os dejo, mirad que es sólo una, quimera vana, un sueño ingrato a cuyo error no cedo, que si se va mi sombra yo me quedo. Nada importa el adiós, si es de tal suerte que os digo «adiós» y es falsa la partida; ni ha de rendirse débil y afligida por un sueño no más el alma fuerte. ¿Qué os importa mi sombra vaga, inerte, para sufrir en esta despedida, si he dicho, amigos, que escucharos puedo porque se va mi sombra y yo me quedo? «¡Adiós!» mil veces os diré cantando y estos adioses ni escuchéis siquiera, ni penséis que mi voz es lastimera, ni digáis que de pena estoy llorando; es un adiós tranquilo, un adiós blando, es una despedida placentera, pues ni llorar ni enternecerme puedo porque se va mi sombra y yo me quedo. ¡Oh! ya veréis cómo al acento amigo mañana y siempre con mi voz respondo, aunque este adiós tan quebrantado y hondo aun, otra vez, por postrera os digo; veréis cómo en los triunfos os bendigo, aunque os parezca, amigos, que me escondo, porque es engaño, sí... ¡Nunca!... ¡No puedo!... Se irá mi sombra, pero yo me quedo.