Spanish poem
Ser, Aun, Niño Y Sentir La Lozanía
Ser, aun, niño y sentir la lozanía que da el rocío de la edad temprana, es dudar la desdicha de mañana, es ser dichosos, Ángel, todavía; es la fe, la esperanza, la alegría, la fortuna, el valor, la gloria humana... es, siendo niño, como tú lo eres, vivir con el placer de los placeres. Pero ser joven ¡ay! mirar tu vida, sondar tu porvenir, temer abismos, no hallar consuelos en nosotros mismos, ni poderte seguir en la partida; quedarnos en la triste despedida suspensos entre vagos fanatismos, luchando entre problemas y temores, es, Ángel, el dolor de los dolores. Como planta de insectos castigada que no puede brotar ramo florido, así con los pesares ha crecido, hermano, una familia desgraciada; no vi rama en su tronco levantada, que al golpe del pesar no haya caído, y temer del azar nuevos rencores es, Ángel, el dolor de los dolores. Pobre doncel, que al ídolo guerrero llevas la flor del corazón primera, tememos por tu flor, no te la hiera de nuestra suerte el golpe siempre fiero; es gozo el entusiasmo lisonjero del que laureles en la vida espera; pero temer por tus hermosas flores es, Ángel, el dolor de los dolores. ¡Veré pasar gallardos compañeros los de tu infancia para ti queridos... y oiré de nuestra madre los gemidos al mirar a los jóvenes guerreros! ¡Veré pasar los alazanes fieros menos que por tu voz bien dirigidos, y el ver sin dueño ai tuyo en sus furores, Ángel, será el dolor de los dolores. Y cuando de tu asiento en el vacío los de la mesa en torno reparemos, desabrido el manjar que gustaremos, desabrido sin ti será, hijo mío; Emilio en su inocente desvarío te nombrará, y entonces lloraremos... porque este padecer, que ojalá ignores, es, Ángel, el dolor de los dolores, ¡Ah! ¡que no pueda nuestra pobre vida, dispersada por vientos tan insanos, partir con nuestros jóvenes hermanos el mismo pan, beber igual bebida! ¡que no podamos encontrar manida en un árbol los pájaros humanos, y a unos del sol fatiguen los ardores, es, Ángel, el dolor de los dolores! Ve si tus alas su atrevido vuelo por cima de la mar firme llevando, puedes ir esos mares navegando hasta arribar al árbol de tu anhelo: ve si logras calmar el desconsuelo de tantos ojos que te están llorando; porque verte en los mares bramadores es, Ángel, el dolor de los dolores... ¡Ay! que jamás cobarde hundas la frente por las revueltas olas alcanzado, ni tampoco en los mares levantado te quieras remontar al sol ardiente; caminar por la vía rectamente, como los buenos siempre han caminado, pues verte entre ambiciosos o traidores ése fuera el dolor de los dolores. Contra ese mundo, cuya risa loca tu fe combatirá con su sarcasmo, opón la noble fe del entusiasmo, que, si es, del corazón, no se sofoca: ante esa multitud cierra tu boca, y, aunque se burle de tu altivo pasmo, no sigas la maldad de sus errores, que ése fuera el dolor de los dolores. Yo contra el mal de la virtud me valgo, contra el dolor a la paciencia acudo, y aunque es mi triunfo solitario y mudo, en graves luchas victoriosas salgo, no tienes gran blasón, pero es hidalgo, limpio de mancha tu modesto escudo, y venderlo al poder y a los honores ése fuera el dolor de los dolores... Mas ¿dónde vas? aguarda un solo instante... oye no más el último conjuro... el ídolo mejor es el más puro, su siervo más glorioso el más constante; no te acerques al mal, porque es brillante; no te flejes del bien, porque es oscuro... ¡Sé bueno, y que jamás con deshonores añadas más dolor a estos dolores!