Spanish poem
Introducción
by Charles Perrault (1628–1703)
Si quereis escucharme, bellos cuentos yo os narraré, á modo del abuelo que al rededor teniendo la menuda grey bullidora de sus tiernos nietos, entonces convertida en grey sesuda, de las Hadas revela los secretos y refiere de encantos y portentos historias ya pasadas, que en la mente se quedan bien grabadas. Abrid el libro, y hallareis primero ejemplo de paciencia en Grisélida bella, que de pastora se elevó á princesa; palideció su estrella,
de la muerte luchó con la inocencia, y al fin vió coronadas sus virtudes, por todos alabadas. Si os entretiene el uno, el otro venga muy humilde de nombre, pero acaso el leerlo os entretenga, que tras vestido mísero, un grande hombre puede ser que se esconda, como aquí una princesa muy hermosa debajo de un pellejo, ¡y qué pellejo! de un asno, que barrunto era asno viejo. Muy cortita hallareis, pero preciosa la historieta siguiente que de un modo evidente nos revela que á veces nos quejamos y salimos de quicio, de vicio, sí señor, de puro vicio, y ciframos la dicha en comernos sus tres palmos de salchicha. Es Hermosa durmiente la que viene, y por cierto que tiene su enseñanza, que está en la moraleja, que muy bien terminado el cuento deja. Caperucita roja es una niña que os dirá que hay que huir del lobo fiero que suele convertirse en marrullero. ¡Barba azul! Su perilla es una piña; es feroz, es cruel, es sanguinario, lo que se llama un hombre estrafalario; mas su mujer, oh niños, es curiosa, y vereis como el serlo es mala cosa. Maese Zapiron es un gatazo que al más lísto le pega un gran bromazo, y de un modo patente nos revela que, si bien la riqueza vale mucho, no vale ménos el ser hombre ducho. Si sois buenos, las Hadas sus favores os prodigan; en cambio si sois malos
no os dan perlas ni flores, pero palos, oh sí, muy buenos palos, y á sentir os obligan sus rigores. Tambien los de la suerte, Cenicienta probó; pero de pronto vió trocada en morada opulenta la bajeza á que estaba relegada, y al hallarse en princesa convertida no recordo la ofensa recibida. Se presenta en escena un principe muy feo, por más señas el príncipe Roquete, y por añadidura el del Copete. Vuestro gesto ya veo: aquí no hay cosa buena, tal vez digais; y á fé que el que discurre de esta manera, en grande error incurre, que á veces hay buen vino en tosca copa y en mal plato excelente y rica sopa. Si la duda os quedara, Meñiquin, que es un chico diminuto, la desvanece en ménos de un minuto. Presentados ya están los personajes; la página volved, id al asunto, que yo, con vuestra vénia y sin ambajes, fin doy á mi tarea y pongo punto.