Spanish poem
La Vaca
by Lisímaco Chavarría (1873–1913)
Compañera inseparable de los mansos bueyes viejos, vayan para tí mis loas y las rosas de mis versos. . . Al mugir en las dehesas en llamamiento al becerro, de las madres cariñosas nos haces un fiel recuerdo. Cuando despunta la aurora y pone sobre los cerros, y en la quiebra de los montes, como una reina, su cetro; cuando cantan los yigüirros en la copa de los cedros, como bardos de alto numen que pulsaran dulces plectros; cuando las fuentes discurren fingiendo alegres gorjeos entre guijas y entre flores en sonoro cabrilleo,
tú pasas dócil y mansa obedeciendo al vaquero: un lozano campesino un mozalbete travieso que roba limas y guabas para llevarle al maestro. Tú sabes de las frescuras de los más frondosos ceibos; tú sabes de los cantares de los monjos mañaneros; tú sabes lo que refieren los pajarillos enfermos que dejan viudos las ráfagas del temporal del invierno, sabes también del idilio de aquel montañés apuesto que en una tarde de junio, en el trillo del potrero, a aquella moza del barrio le protestó amor eterno, mientras la tarde su bronce diluía allá en los cielos simulando en los cantiles devoradores incendios.
Vaca, mansa compañera de los nobles bueyes viejos que saben de los afanes de los fuertes jornaleros, en tus pupilas retratas el paisaje verde y fresco, el vuelo de las palomas y los verdes limoneros, el cristal de los torrentes que riman extraños versos y cantan como tenores y vibran como panderos; las humedeces con lágrimas cuando lejano el ternero te reclama, como niño, con su sentido cencerro. Tienes la filosofía de ser mansa... Si los perros van a oponerse a tu paso ni los miras, tu desprecio domestica sus bravezas y al fin son tus compañeros. Cuántos regocijos pones cuando llegas del potrero
y brindas la ubre repleta del delicado alimento a las mozas campesinas. . . cierras los ojos. . . sus dedos tus cuatro mamas ordeñan, en tanto que haciendo esfuerzos el ternerillo se tuerce en mil escorzos supremos . . . y tú sueñas, si no lames de tu hijo el lomo sedeño.
Las églogas de Virgilio ensalzan ese alimento que es más albo que la nieve y que del lirio los pétalos, y más sabroso que el néctar del colmenar del Himeto.
Compañera inseparable de los mansos bueyes viejos, vayan para tí mis loas y las rosas de mis versos.