Versos Spanish Clemente Althaus El desgraciado

Spanish poem

El desgraciado

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«Solo me miro en la tierra; cual con tenaz enemigo, están las cosas en guerra, desde que nací, conmigo; y un espíritu a mí adverso reside en el universo. »No consiente el mar turbado que a surcarle yo me atreva, y la tierra mal su grado en sus espaldas me lleva, y me tienen odio ciego aire, tierra, mar y fuego. »Mujer ninguna me ama, ni me es ningún hombre amigo, y es; emblema de la llama a que da mi pecho abrigo, volcán que arde triste solo entre las nieves del polo. »Cual vasta ciudad desierta o en el sueño sumergida, donde el paso no despierta señal ninguna de vida, se me ofrece el mundo, donde nadie a mi clamor responde. »Y en vano me agito y ando peregrino por la tierra, los portentos visitando que la vieja Europa encierra, y que allí en la patria mía por mirar me desvivía. »Cuando me mezclo en la calle con la multitud festiva, será me digo, que no halle tal vez uno, mientras viva, uno entre tantos millares, que comprenda mis pesares?» «No pude en ninguna parte del ancho poblado mundo, oh mitad de mi alma, hallarte, hallarte, oh mi yo segundo; y de hallarte ¡oh dolor fiero! en la tierra desespero. »Cual si me hubiera hecho reo de algún tremendo delito antes de nacer, me veo por cielo y hado maldito, y de herirme no se sacia con sus flechas la Desgracia. »¡Si en este colmado abismo de desventuras, siquiera en paz yo conmigo mismo interiormente estuviera! Pero de mí propio siento un profundo descontento. »¡No, no pose el infierno más espantoso suplicio que este descontento eterno! Quisiera perder el juicio y beber de mi amargura el olvido en la locura. »Cuando esta máquina enferma en polvo se haya deshecho, y mi último sueño duerma en hondo y oscuro lecho, nadie a llorar irá junto a la losa del difunto. »Ni plantará pía mano ciprés que mi tumba asombre, ni pasajero en humano labio sonará mi nombre, ni se hará jamás presente mi recuerdo a humana mente. »Y en su ancho seno profundo me esconderá tanto olvido, como si yo en este mundo no hubiera nunca existido; y no resarcirá nada vida tan desventurada.» Así una noche sin luna, en mudo ancho despoblado, del rigor de su fortuna se quejaba un desdichado, haciendo a sus quejas dúo el triste canto del búho.

(1856)