Spanish poem
Sonetos – IX
Al darte el corazón, dulce bien mío, no al influjo cedí de fatal hado n de torpes deseos dominado la llave te entregué de mi albedrío
Ni culpo del amor al poderío, pues te quise y amé sobre pensado; ni un afecto tan tierno y delicado ha podido nacer de un desvarío
Tampoco el esplendor de tu hermosura, tu juventud, tus gracias, fueron parte para que cautivaras mi ternura
La belleza se gasta, pese al arte; pero el talento para siempre dura: el tuyo me prendó ¿podré olvidarte?