Spanish poem
La muerte de la bacante
Erigone, en desorden la melena, de Venus presa con ardor salvaje, oculta apenas en el griego traje los globos de marfil y de azucena.
El seco labio, que el pudor no frena, del lienzo muerde el tempestuoso oleaje, y rasgando el incómodo ropaje, besa y comprime la tostada arena.
Ebria de amor, frenética de vino, en torno extiende la febril mirada, mal tendida en las piedras del camino.
Y al contemplarse sola, despechada se oprime el pecho, con rumor suspira, cierra los ojos, y gozando expira.