Spanish poem
Bruto, primer cónsul
Muestra el puñal en sangre purpurino, Bruto, al pueblo en el foro congregado, en el turgente pecho sepultado de la esposa infeliz de Colatino
Al clamor del romano y del latino que rugen como tigre desatado, apenas, entre «vivas» sofocado, se escucha el grito del audaz Tarquino
Se conmueven los bosques seculares, retiembla estremecido el Capitolio, al mar se arroja alborozado el Tibre.
Y elevando las fauces consulares, el héroe dice, derribando el solio: ¡Lucrecia a muerto, pero Roma es libre!