Versos Spanish Esteban Echeverría II

Spanish poem

II

by

Listen in the reader

- I -

Tendido el lino la veloz barquilla mueve en el Plata su ligera quilla, al rayo matutino, y por la faz undosa engalanada se desliza del céfiro halagada llevando al peregrino.

Al bajel llega, que arrogante oprime del río el seno, que a su lado gime, y airoso se pompea, pronto a surcar por el cerúleo llano ostenta al aire su vigor ufano, y sus alas ondea

En el soberbio alcázar ya domina del cómitre la voz y a la marina gente imperiosa llama, que con mustios acentos velozmente da los linos al aire, o tristemente en los mástiles clama.

Los hinche en globo el bonancible viento y divide las aguas al momento, en círculo espumoso, la prora murmurando resonante, y el alcázar del piélago nadante levantando vistoso.

Reclinado en el borde, con mejillas enjutas pero tristes, las orillas de su patria contempla Lara perderse, cual coposo monte, en el lejano y diáfano horizonte y su laúd dulce templa.

Dolor siente en el alma, mas sereno brilla su rostro, que apuró el veneno de congojas mortales, y temprano aprendió del sentimiento a sofocar las ansias o el contento, al corazón fatales.

Preludió al fin la melodiosa lira, y recordando de la suerte agravios, el adiós tierno que la ausencia inspira modularon sus labios.

- II -

El halagüeño júbilo del mundo volver no puede al corazón burlado la bella imagen de ilusión querida, que voló fementida.

Pierde la flor su púrpura y su nieve, su aroma grato y su verdosa pompa; así se agosta el esplendor lozano del corazón temprano.

Se rompe el velo mágico que al alma pintaba glorias, esperanzas dulces, cuando aun risueños los floridos años brindan amor y engaños.

Fuese el encanto de mis bellos días, fuese la lumbre de mi albor lúcido y sólo es dado a mi enojosa vida sentir gloria perdida.

Mas ¿qué es sentir cuando el prestigio grato, que embellecía la existencia ha muerto, e inexorable, aterrador destino del bien cierra el camino?

Dulce esperanza, celestial imagen vuelve a mi mente su divino fuego, disipa un tanto la tiniebla umbría que cerca el alma mía.

Tú me alentaste cuando el crudo anhelo de la congoja marchitó mis días, tú del regazo de mis tristes lares me llevas a los mares.

Por ti mi patria y mis amores dejo y en las regiones de la tierra extrañas voy a buscar a mi ansiedad consuelo, llena el alma de duelo.

Grata fue un tiempo a mi vivir la suerte, brindome un tiempo deliciosas horas, que sueños fueron de ilusión falaces, sombras de bien fugaces.

En flor marchitas contemplé mis glorias y sumergido el corazón de entonces en triste noche, solitario abismo, se consume a sí mismo.

¿Qué vale al pecho el palpitar de gozo en el regazo de su dueño amado, qué al alma vale el halagüeño encanto que idolatraba tanto?

Si el placer vuela, el inefable hechizo se desvanece, cual la lumbre fatua, cuando al deleite la pasión apura; y el sentimiento dura.

Vanos placeres, deliciosos lazos, que al albedrío encadenáis tan dulces, adiós por siempre, ya de vuestro halago huyo libre el estrago.

Adiós amores, de la vida rosas, que exhaláis grato vuestro aroma, un día y perdéis luego el poderoso hechizo que delirar nos hizo.

Y tú también angelical criatura, guarda celeste de mi triste vida que yo vi en sueño y en feliz instante pude llamar mi amante.

Tú que supiste embelesar mi mente, tú que las ansias de mi amor pagaste, que el dulce néctar del amor me diste y dichoso me viste.

Tú que sentías como yo sentía, que a un solo acento de mi voz gozabas, que en lo secreto de mi pecho vías y conmigo sufrías.

Tú, en cuyos brazos sin contar las horas pasé la flor de mis lozanos días embebecido en éxtasis glorioso de deleite amoroso.

Adiós por siempre, el inhumano tiempo nuestras delicias devoró enemigo, segó mis dichas, sin cesar me aqueja y de ti al fin me aleja.

- III -

Brotaron una lágrima los ojos de Lara enternecido, al despertar de nuevo las memorias de tan cumplidas glorias, del tiempo avaro míseros despojos; cayó su mano de la dulce lira. espiró el canto y su ánimo abatido quedó en tristes ideas sumergido. desde la orilla, acaso, alguna bella, con inquieto mirar, siguió la huella del bajel que volando se alejaba y su esperanza y corazón llevaba.