Spanish poem
IV
Velado el horizonte de un capuz nebuloso, purpúreos resplandores nacen de entre su cerco tenebroso.
Con lentitud se avanzan el espacio ocupando, y los cielos y tierra de luminosos rayos inundando.
Disípanse las nubes del vasto firmamento, que de nuevo se cubre de variado y magnífico ornamento.
Y las estrellas mustias, trémulas centellean, y parece abandonan el lobregoso alcázar que hermosean.
Coronada de luces la luna se aparece; cual reina de la noche en su cerúleo trono resplandece.
Contémplase gozosa en el mar transparente, que mueve sus cristales con majestad serena e imponente.
En calma la natura, parece adormecida, y su faz macilenta a meditar al pensador convida.
Renacerá la Luna, y tras ellas los días circularán veloces, llevándose las esperanzas mías.