Spanish poem
XXVII
¡Oh Patria, Patria nombre sacrosanto a pronunciarte vuelvo con encanto! Tu halagüeño semblante ya rebuscan mis ojos cuidadosos por el vasto horizonte, y cual airosa cima de alto monte, ya lejos lo perciben y mi seno de júbilo rebosa palpitante.
Pasaron ya los días, en que con grato anhelo, canté un adiós a tu querido suelo, y pasaron también las ilusiones, que de mis dulces lares me llevaron gustoso a otras regiones, y a atravesar los procelosos mares.
Entonces ambicioso de ver el ancho mundo, y de espaciar mi mente por los cielos y piélago profundo; de sondar el saber de las naciones, y pesar los blasones que ostentan los imperios, las edades, abandoné sin pena mi reposo; mas ahora satisfecho vuelvo a tu dulce seno, cual tierno esposo al suspirado lecho; de gozo puro y de esperanza lleno. ¿Y cómo no? cuando tu solo aspecto me dice que soy libre, y que la tierra voy a ver de los libres so mi planta. Mi pensamiento altivo se levanta cuando pronuncio tu sagrado nombre, ¡Oh libertad! Y de mi laúd sonoro se estremecen las cuerdas resonando, en mi boca rebosan las palabras, y con mil armonías en alabanza tuya voy cantando.
El viejo continente tan solo desengaños me ha mostrado: entre sus pueblos cultos he buscado tu imagen celestial, resplandeciente, simulacros vanos he encontrado, con incienso impuro veneradas tus efigies sagradas.
Fueron los tiempos en que Europa libre diera ejemplo a la tierra suficiente; mas la fuerza triunfó y el duro cetro cayó sobre los pueblos inclemente: desde entonces la cruda tiranía abate de los hombres la energía, que mansos doblan la cerviz paciente, y el supremo albedrío de Reyes o tiranos a los pueblos conculca, cual gusanos, sin aliento ni brío.
La miserable España en vergonzosa nulidad apenas se mueve y aun pretende que la América gima en sus cadenas; empero el León rampante ya no brama arrogante sino en baldón de su impotente saña. Tan solo en las montañas de la Helvecia la libertad respira, burlando a sus tiranos, y en el suelo glorioso de la Grecia sin aliento ya espira en las garras de tigres otomanos.
Confuso, por tu vasta superficie Europa degradada, yo no he visto mas que fausto y molicie, y poco que al espíritu sublime al lujo y los placeres encubriendo con rosas, las marcas oprobiosas, del hierro vil que a tu progenie oprime.
La libertad de Europa fugitiva, un asilo buscando, ha pasado el Occeano, su dignísimo trono levantando do se agitan los pechos a su nombre, y do con dignidad respira el hombre: en el hermoso suelo americano. Y en el tuyo también ¡oh Patria mía! Tus hijos los primeros elevaron a su imagen altares, en su divino fuego se inflamaron, y con rara osadía el fanatismo y la opresión hollaron: tú el rayo fulminaste, que su terrible saña dilatando, rompió de un hemisferio el largo y degradante cautiverio.
¡Gloria al pueblo argentino, terror de los tiranos, que oprimían al Sud con férreas manos! ¡Gloria inmortal al pueblo peregrino!
Y tú Patria querida muestra un ejemplo más a las naciones; la maldad atrevida, y las bajas pasiones confesarán al fin avergonzadas, que no son nombres vanos la libertad, sus fueros soberanos, sino para las almas degradadas.
Modera un tanto ¡Oh Plata majestuoso! Esas ondas altivas, no a un hijo de tus márgenes recibas con flujo tumultuoso; que en movimiento suave fluyan y den camino silenciosas a los flancos estrechos de mi nave, que juega con tus crines espumosas.