Spanish poem
Imágenes Del Pecado
Enfermizas plenitudes de emociones amatorias, modernismo de lo Raro, de embriagueces ilusorias, que disfrazan las crudezas de sus credos materiales, como fórmulas severas de blasones impolutos, que, discretos, disimulan los salvajes atributos, las paganas desnudeces de las fuerzas germinales. Rosa estigma que en los labios han dejado los orfebres de la Ardencia. Bestias malas de lascivias y de fiebres, que no doman los actuales filosóficos Orfeos, acechando por las noches los oficios sigilosos por las noches consteladas de los besos milagrosos que deshacen en las bocas el rubí de los deseos Predilecta medianoche vagamente ensoñativa, que ha exhumado un bello libro de lectura sugestiva, de encubiertas entrelíneas de extravíos irreales ¡Oh, curiosa, febriciente cabecita conturbada, que en los tibios abandonos delatados en la almohada se fecunda de las sabias poluciones cerebrales! ¡Oh, cuán negros los hastíos de las púberes sensuales! ¡Oh, cuán largas las esperas de los pálidos nupciales, en los ratos aburridos de cloróticas visiones cuando creen que las abejas evocadas vendrán, fieles, a traerles, compasivas, con sus vinos y sus mieles, las cantáridas nocturnas de las fuertes obsesiones! Voz fatal que en los gentiles Evangelios de Afrodita, al cenáculo vedado de su roja mesa invita. ¡Oh, furtivas comuniones en los cultos que revelan el peligro imaginable de las hostias consagradas donde, lívidas, se ocultan las cabezas desmayadas de los duendes cautelosos que en la extraña misa velan! Neurasténica enclaustrada cuyos lirios de pureza ha violado sin esfuerzo la triunfal Naturaleza: Esa siempre parturienta, santamente dolorida. Fue la hora en que cayeron deshojados los claveles, que, al sangrar las castidades en los tálamos crueles los augurios se regaron con los filtros de la Vida. Virgen mística de celda, brasa blonda de incensario, fiel ritual de oscurantismo, fría imagen de santuario, por la fe de su locura tonsurada contra el Vicio, que ha sentido en los insomnios conmover su paz austera un satánico deseo de su sangre de soltera, de su palma que claudica del inútil sacrificio. Delicada sensitiva en los cálidos antojos que se burla de la ausencia de la luz de los sonrojos Que exaltando sus caprichos ¡Los diabólicos, los tiernos! Al Cantar de los Cantares, siempre nuevo en sus caricias, sabe ungir de la gloriosa caridad de sus delicias a las vértebras que sufren el horror de los inviernos. Favorita de Nirvana, de los vinos superfinos, espasmódica del éter, que ilustró los pergaminos de la nueva aristocracia del hatchís y la morfina: Ofertorio inconfesable de exquisita delincuencia generosa, sorprendente, bien gustada quintaesencia de ilusión por el pecado de la copa clandestina Pubertad de conventillo que, en su génesis, halaga la teoría lamentable del harapo y de la llaga, silenciando la inconsciente repulsión a lo maldito Alentadas bizarrías de muchacha sensiblera, que presume ingenuamente de Manón arrabalera, suavemente flagelada por las sedas del Delito. Cortesana de suburbio, que se sabe mustia y vieja y olvidar quiere los hondos desconsuelos de su queja, palpitante, en su derrota, por la última aventura, que, al cruzar los barrios bajos en la tarde de la cita, va creyendo ser la triste, la incurable Margarita que abandona con la muerte su romántica locura. Torturada visión breve del amor de una heroína del prostíbulo y la cárcel: roja flor de guillotina, que ha soñado con un novio que la finge una azucena: con un blondo Nazareno que la mueve a inevitable santa senda arrepentida, de intuición insospechable a seguir su religiosa vocación de Magdalena. Bella trágica historiada, Salomé del histerismo, portadora de extrañezas del país del exotismo, iniciada en el secreto de las cláusulas suicidas, que, en sus largas devociones por las fiestas misteriosas, por las torpes confidencias y las pautas tenebrosas, comulgó con los maestros de las músicas prohibidas. ¡Oh, las pascuas de las carnes bondadosas, que florecen por aquellas que concluyen por aquellas que envejecen! ¡Oh, los siete ángeles malos! ¡Oh, los ángeles propicios al exvoto de las manos sabiamente extenuativas, que degüellan las palomas de las blancas rogativas, en las vísperas sangrientas de los negros sacrificios!