Versos Spanish Evaristo Carriego La Casa Amaneció Triste, Callada

Spanish poem

La Casa Amaneció Triste, Callada

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La casa amaneció triste, callada. Un aire melancólico se advierte en los rostros: la pena es resignada. No se oye reír si se habla fuerte. Los muchachos faltaron a la escuela, y desde muy temprano, con incierto y sombrío fulgor, arde la vela en la que fuera habitación del muerto. El recuerdo luctuoso les alcanza a todos por igual. Durante el día unas cuantas visitas de confianza estuvieron a hacerles compañía: pero, entrada la noche, los amigos al fin se despidieron, y la pena contenida en presencia de testigos extraños, fue a la hora de la cena más intensa quizás. No había extraños y el silencio tornóse doloroso: sintiéronse molestos, casi huraños, en ese comedor tan bullicioso otras veces. Se levantó la mesa sin las conversaciones de costumbre, permanecieron largo rato presa de una serena y vaga pesadumbre que no turbó una sola frase. Ahora charlan de cosas familiares como en los días tranquilos a la hora del té. La hermana hojea el primer tomo de la novela que empezara el jueves, la abuela reta a alguno y en seguida de dos o tres observaciones, breves pero enérgicas, vuelve a su aburrida soñolencia. La madre escucha y calla, pensando en el ausente por quien vive en continua aflicción desde que se halla tan lejos, el ingrato que no escribe hace mucho, ni aún de cuando en cuando En un rincón la huerfanita cose ajena a cuanto se habla, suspirando cada vez que el hermano enfermo tose con esa ronca tos que le sofoca atrozmente. Cansadas de la tarea diaria, que no es poca, comienzan a sentirse algo pesadas las hacendosas manos de la tía soltera que medita, evocando memorias de lejanos noviazgos de muchacha, mientras quita las rojas iniciales de una toalla recién planchada, al lado de la lámpara fiel cuya pantalla amortigua la luz. Casi acostado en el sillón el hijo mayor fuma su tercer cigarrillo y cerca uno de los chicos suma de nuevo el resultado de un sencillo problema de aritmética. En la suave paz que envuelve la pieza viene, a intervalos, el recuerdo grave a conturbarlos. Reina una tristeza pensativa. La charla continúa como sin ganas, lenta, displicente, sobre el mal tiempo. Afuera, la garúa cae en el patio despaciosamente.