Spanish poem
El pobre y el aparecido
by Felipe Jacinto Sala (1819–1895)
Un embozado, en noche tenebrosa, llamó a la puerta de un albergue humilde: -«¿Quién sois?» -le preguntó su pobre dueño.- -«Un dadivoso; no temáis: abridme.»- El dueño vaciló.-«Presto, insensato; »vengo a endulzar la suerte que te oprime; »quiero sembrar tu vida de placeres, »y poner fin a tu miseria horrible.»- El dueño, entonces, entreabrió el postigo; y al ver, cercado de tinieblas tristes, lívido espectro de espantables ojos, lanzó un grito de horror. -«Calla; no grites.» -le dijo aquél, y murmuró a su oído no sé qué frase, al parecer terrible.- -«¡Huye, Satán! Tu idea me estremece; »tienes instinto y corazón de tigre; »desvalido viví, mas viví honrado. »Si hubo escaseces en mi mesa humilde, »ellas nunca turbaron mi contento »ni el goce de mis sueños apacibles; »aléjate, ¡por Dios!»- -«Toma.»- -«¿Qué es eso?»- -«Metal que rompe los más fuertes diques: »imán potente que avasalla el mundo.»- -«¿Oro tal vez?»- -«Sí tal; toma...»- -«Imposible.»- -«Desecha esos escrúpulos cobardes.»- -«¡Cielos, tanto!!»- -«Y aún más; toma, infelice.»- El pobre abrió la puerta sigiloso, y el torvo protector, al descubrirse, mostró agudo puñal teñido en sangre, y un pecho de culebras... Era el Crimen. La modesta vivienda de aquel pobre trocola el huésped en palacio insigne; y en breves horas, con tenaz misterio, lo henchió de bienes y grandezas viles. -«Adiós, -clamó después,- se acerca el día; »y huyo su luz. No olvides cuanto dije: »los medios más ilícitos son buenos »con tal que puedas alcanzar tus fines.»- Fuese y un rayo que brilló en las nubes vistió su cuerpo de siniestros tintes. El novel potentado, desde entonces, fosco y sombrío en su palacio vive tiene insignias y joyas y brocados, tiene trenes y espléndidos jardines; pero la calma de sus pobres lares y la paz de su alma ya no existen. ¡Ay! los remordimientos son las sierpes, que su culpable corazón oprimen. Si anhela hallar olvido a los deleites, allí el sangriento espectro le persigue; si entre plumón y holandas busca el sueño, a su deseo el sueño se resiste y es haz de espinas su mullido lecho... Que no hay blanda almohada para el crimen.