Spanish poem
El rocín y el jumento
by Felipe Jacinto Sala (1819–1895)
En escondido valle, cierta noche, tras de ruda jornada, postrados de fatiga dormían Don Quijote y Sancho Panza; aquél viendo entre sueños a Dulcinea, su fermosa dama, y éste creyendo gobernar tranquilo la ínsula tantas veces suspirada. No lejos de sus dueños, y paciendo con harta holgura la menuda grama, Rocinante y el Rucio, como buenos amigos, platicaban: -«¿Has visto a mi señor -dijo el jamelgo- »con qué bravura terminó su hazaña, »y cómo, hidalgo, perdonó al del Bosque, »cuando rendido le miró a sus plantas? »Esto es saber vencer al enemigo; »esto es triunfar con honra en las batallas. »¿Dónde hallar ningún otro caballero »que adquiera tanto lauro y tanta fama?»- -«Pues a fe de borrico, »que semejante prez no se me alcanza. »¡Qué diablos de victorias! »Sacar rotas la oreja y la celada, »quebrantados los huesos otras veces, »o molidas a palos las espaldas. »¿Qué vale ganar hoy, si siempre pierde?»- -«No seas machacón: la empresa es santa; »y, lo repito, es fuerza que fundemos »igual institución en nuestra raza. »¿Caballería andante tienen ellos? »Tengámosla también, que la reclaman »la débil inocencia perseguida, »la impotente flaqueza avasallada. »¿No hay follones acaso, y malandrines? »¿No devoran, feroces, y a mansalva, »la vulpeja a la cándida paloma, »y el voraz lobo a la cordera mansa? »Y el tigre y el león, y tantas fieras »como se ceban en la sangre humana, »di ¿no merecen ejemplar castigo?»- -«Sí, en verdad; pero ¿quién les pone a raya?»- -«Nosotros; ejerciendo el noble oficio »que ejerce Don Quijote de la Mancha.»- -«Y ¿dónde vamos a colgar el yelmo, »ni cómo haremos uso de la lanza?»- -«Qué yelmo, ni qué lanza, majadero? »¿No llevamos los dos mejores armas? »Coz y mordisco al que luchar se atreva. »Y, fuera compasión, caiga el que caiga. »El fraude, el robo, el crimen, »son hijos de la gula y de la holganza; »la continencia sólo y el trabajo »harán la bestia honrada. »No se apacienten, pues, en carne viva, »que buenos son el heno y la cebada; »y, en vez de holgar y acariciar el vicio, »edúquense, y aténganse a la carga.»- -«¿Y nos dará provecho el sacrificio?»- -«Y sempiterna fama; »los más ricos graneros »nos brindarán el trigo a fanegadas, »y los feraces campos »su fresca yerba y su sabrosa alfalfa. »¿Y en las lides de amor? ¡Cuánta ventura! »La mejor yegua que crió el Jarama »será para nosotros.»- -«La renuncio: »en mi pueblo natal, junto a mi casa, »hay una burra de lucido pelo, »nervudos lomos y carnosas ancas, »que me tiene hechizado. No la cambio »por fembra alguna.»- -«¡Bien por tu constancia! »Sobrado premio te darán las luchas.»- -«¿Y serán arriesgadas?»- -«¿Quién lo duda? Se puede hallar la muerte »a un solo golpe de potente garra; »puede venir una atrevida hiena »que, a puro dentellar, nos parta el alma; »o un fiero encantador, hecho vampiro »que chupe nuestra sangre...»- -«¡Oh! calla, calla.»- -«Aventuras son estas.»- -«Desventuras, »dirás mejor; no, no me cuadran. »Al pensar en los riesgos que me pintas, »me gruñen las entrañas. »Insiste en tu locura si te atreves; »corrige los entuertos que te plazca; »imita a tu señor, y por mi vida, »que pararéis los dos en una jaula. »Yo no tengo valor para esa empresa; »y en cuanto asome el alba, »voy a decir al labrador Alonso, »al que llamáis ahora Sancho-Panza, »al amo mío, que marchemos juntos; »que me deje habitar la antigua cuadra, »que me lleve cual antes al molino; »y me ocupe otra vez en la labranza.»- -«¡Vete con Dios! Por tu medroso genio »y tu poca ambición téngote lástima.»- Esto dijo el rocín, y luego, a solas, murmuró con desdén estas palabras: -«La corona de gloria entre sus flores »tiene agudas espinas que nos dañan; »el que cobarde sus heridas tema, »nunca intente alcanzarla.»- Rocinante murió; con él murieron la hidalguía y nobleza de su raza, su espíritu sutil... alegoría de nuestra edad dorada. Materialista, en cambio, interesado, de pobre fondo, y de corteza basta, palpita en nuestro siglo todavía, el jumento de Sancho, en cuerpo y alma.