Versos Spanish Fernán Caballero Adivinas infantiles: 2

Spanish poem

Adivinas infantiles: 2

by (1796–1877)

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Cien gallegos van por agua, uno tras otro, y no se alcanzan.

En alto vive, en alto mora, en alto teje, la tejedora.

Las tocas de doña Leonor, a los montes cubren y a los ríos no.

Cuatro somos, y uno soy, y de aquí allá me voy.

¿Qué es lo que se dice, una vez en un minuto y dos en un momento?

Pozo hondo, soga larga, y como no se doble no alcanza.

Mientras más cerca, más lejos; mientras más lejos, más cerca.

Una plaza, una plazoleta, cuatro esquinas y una aguileta.

Para los niños, espinas; para los hombres, flores; para los maestros, fruta.

Verde en el campo, blanco en la plaza, y reculea en casa.

Muchas damas en un castillo, todas visten de amarillo.

Dos hermanas, mentira no es, la una es mi tía, la otra no lo es.

Adivina, adivina, ¿cuál es el bicho sin hueso ni espina?

Una dama muy hermosa, con un vestido de oro, siempre volviendo la cara, ya de un lado ya de otro.

En el cielo soy de agua, en la tierra soy de polvo, en las iglesias de humo, y una telita en los ojos.

Verde me crié, rubio me cortaron, prieto me molieron, blanco me amasaron.

Soy rey que impero en toda nación, tengo doce hijos de mi corazón, de cada uno treinta nietos, que son mitad blancos y son mitad prietos.

Dos ciris ciris, dos miras miras, dos vayas vayas, cuatro andaderas. y una zurriaga.

Redonda soy como el mundo; sin mí no puede haber Dios, Papa y Cardenales, sí; pero Pontífices, no.

Un rey le pidió a un criado lo que en el mundo no había, y el criado se lo dio, y él tampoco lo tenía.

Entre dos paredes blancas hay una flor amarilla, que se puede presentar al mismo Rey de Castilla.

Símil y serva cantaba la perra, un arbolito de esta manera, con muchas frutitas amarillas por dentro, amarillas por fuera.

En el campo me crié, sin ser hombre ni mancebo; me hacen pasar los martirios de Bartolomé y Lorenzo.

Estaba dos pies comiéndose un pie, vino cuatro pies y se llevó el pie; dos pies le tiró tres pies, y cuatro pies saltó el pie.

Salí al campo por ver si me divertía, vi una casa muy bien construida, arrimeme a ella a ver quién había, vi un alcalde muy serio y pausado, que primero muere que dejar su estado.

Uno larguito, dos más bajitos, otro chico y flaco, y otro gordonazo.

Soy la redondez del mundo, de esperanza estoy vestida, y no hay noche para mí, porque conmigo está el día.

Cuatro andantes, cuatro mamantes, un quita moscas y dos apuntantes.

Redondo soy, como el mundo, pero mucho más pequeño; soy de Ronda natural, que sepas mi nombre «espero».

Ana me llaman por nombre, y por apellido Fe; aquel que esto no acertase es un borriquito en pie.

Alto altero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada y espuela de acero.

Una vieja jorobada tuvo un hijo enredador, unas hijas muy hermosas y un nieto predicador.

¿Cuál es aquel pobrecito, siempre andando, siempre andando, y no sale de su sitio?

Una vieja mató a un pollo martes de Carnestolendas, y se lo comió un domingo, antes de entrar la Cuaresma,

Grande, muy grande, mayor que la Tierra. arde y no se quema, quema y no es candela.

Dos torres altas, dos miradores, un quita moscas y cuatro andadores.

Me pongo la capa para bailar, me quito la capa para bailar; yo no puedo bailar sin la capa, y con capa no puedo bailar.

Muchas lamparitas muy bien colgaditas, siempre encandiladas, y nadie las atiza.

El ave de cocornico tiene alas, patas y pico, y la madre de cocornico no tiene alas, ni patas, ni pico.

Con mi cara encarnada y mi ojo negro, y mi vestido verde, el campo alegro.

Una torre abovedada, sin ventana ni postigo, si no me lo aciertas no te lo digo.

Campo blanco, semilla negra, dos que la ven, uno que la siembra.

Un quintín, dos quintales, un garavín y dos garavales.

Señores, de Francia vengo, que mi padre es cantador, traigo los hábitos blancos y amarillo el corazón.

Iglesia chiquita, gente menudita, sacristán de palo, ¿a que no me lo aciertas en un año?

En alto me veo, moros veo venir y no puedo huir.

La madre es buena, el hijo no; el hijo vuela, la madre no.

Es tan grande mi fortuna, que estreno todos los años un vestido sin costura de colores salpicado.

Verde en el campo, negro en la plaza y colorado en casa,

Largo larguero Martín Caballero, calzas coloradas y penacho negro.

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