Versos Spanish Fernán Caballero Adivinas infantiles: 3

Spanish poem

Adivinas infantiles: 3

by (1796–1877)

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«Ave» tengo yo por nombre, y es «llana» mi condición; el que no me lo acertase, le digo que es un simplón.

Alto altanero, gran caballero, gorro de grana, capa dorada y espuelas de acero.

Cuatro losas, cuatro pelosas, dos esparavanes y un oseador de moscas.

Altos padres, chicas madres, hijos prietos y blancos nietos.

Hablo y no pienso, lloro y no siento, río sin razón y miento sin intención.

Arca chiquita, de buen parecer, ningún carpintero la ha podido hacer, sino Dios con su poder.

El boticario y su hija, el médico y su mujer, se comieron nueve huevos, les tocaron a tres.

Un huevecito prieto, con su huevero, y que tiene muy alto el ponedero.

Un convento muy cerrado, sin campanas y sin torres, con muchas monjitas dentro haciendo dulce de flores.

Una arquita muy chiquita, y blanca como la cal, que todos saben abrir, pero ninguno cerrar.

De siete hermanas que somos, yo la primera nací, y la más pequeña soy. ¿Cómo podrá ser así?

Veinte patos caminaban, todos al mismo compás, y los veinte caminaban con una pata no más.

Cuatro caballitos, que todos danzan, y por más que corren, nunca se alcanzan.

Cincuenta damas, cinco galanes; ellos piden pan, ellas piden ave.

Una torre muy alta, muy alta, a la que la cal y el canto le falta; tiene bóvedas más de un ciento, y la lleva y la trae el viento.

Entre sábanas de holán y cortinas de marfil, parió la reina un infante más verde que el perejil.

Grande cuando niña, grande cuando vieja y chica en la edad media.

Es tanto mi poderío, que si mil hijos tuviera, a cada cual su corona le pondría en la cabeza.

Aliqué, aliqué, aliqué, que no tiene alas, ni pico, ni pies; y su hijo el aliconcillo, tiene alas, patas y piquillo.

Pingue, pingue, está pingando; mango, mango, lo está mirando; si pingue, pingue, cayera, mango, mango, lo cogiera.

Tiene la cara de oso, tiene cabeza de vaca, tiene dientes en las patas, y nace en un calabozo.

Más de cien damas hermosas vi en un instante nacer, encendidas como rosas, y en seguida fenecer.

En un huerto no muy llano hay dos cristalinas fuentes; no está a gusto el hortelano cuando crecen las corrientes.

¿Quién fue el que nunca pecó, ni jamás pudo pecar, y que se vino a encontrar en la Pasión del Señor, y no se pudo salvar?

Nací como clavellina, me crié como redoma; de los huesos de mi cuerpo todo el mundo se enamora.

Yo sé de una campanilla que tan de quedito toca, que no la pueden oír no más que las mariposas.

Unas regaderas más grandes que el Sol, con que riega el campo Dios Nuestro Señor.

Cuatro caballitos van para Francia, por mucho que corran, nunca se alcanzan.

Blanca como la paloma, negra como la pez, habla y no tiene lengua, anda y no tiene pies.

Desde que nací soy viuda, y lo más extraño ha sido que nunca me vi casada, ni he conocido marido.

Soy un señor encumbrado, ando mejor que el reloj, me levanto muy temprano y me acuesto a la oración.

Mandome Dios que volase, y obedecile veloz, y así, por doquier que pase, canta sus glorias mi voz.

Verde fue mi nacimiento, encarnado mi vivir, y negra me fui poniendo, cuando me quise morir.

Crió Dios dos avecitas en el vivir tan conformes, que la que come no bebe, y la que bebe no come.

Un gatillo vi que hacía, no es mentira ni lo invento, con una piedra en la boca un relámpago y un trueno.

Una cosa que tiene ojos de gato, orejas de gato, patas de gato, rabo de gato, y no es gato.

Ayer vinieron, hoy han venido. vendrán mañana con mucho ruido.

¿Qué es lo que se dice una vez en un minuto y dos en un segundo?

Doña Ursula de Mendriola está en su cuarto, triste y sola; «la», cátala, «la», mírala, «la», escúchala.

Entre los ciento cincuenta hay una tela estirada, no es de hilo, ni de seda, ni tejida, ni labrada.

Entre unas paredes blancas hay una rosa amarilla, que se puede presentar al mismo Rey de Castilla.

Entre pared y pared hay una santa mujer, que con el diente llama a la gente.

En el campo se crió, verde como la esperanza, de los hombres es amigo, y a las mujeres espanta.

Alto y más alto, redondo como un plato, negro como la pez, ¿a que no me lo aciertas en un mes?

Una cajita redonda. blanca como el azahar, se abre muy fácilmente, y no se puede cerrar.

Vueltas y vueltas doy sin cansarme; mas si no bebo paro al instante.

Largo, largo, como un budillo, redondo, redondo, como un ovillo.

Vestida nací, por más gentileza, cortáronme gentes mi pobre cabeza; ando por el mundo, gimiendo y llorando, y con lágrimas negras voy hablando.

Una vieja va por brevas, y las coge sin mirar, blandas, duras, chicas, grandes, y de Dios viene «enviá».

Estando quieto en mi casa, me vinieron a prender; mi casa se salió por las ventanas, y yo preso me quedé.

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