Versos Spanish Francisco de Figueroa Thirsi, Pastor Del Más Famoso Río

Spanish poem

Thirsi, Pastor Del Más Famoso Río

by (1530–1588)

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Thirsi, Pastor del más famoso río, Que da tributo al Tajo, en la ribera Del glorioso Sebeto a Dafne amaba Con ardor tal, que fue mil veces visto Tendido en tierra en doloroso llanto Pasar la noche, y al nacer del día Como suelen tornar otros del sueño Al ejercicio usado, así del llanto Tornar al llanto, y de una en otra pena Rompiendo el aire en semejantes voces. Fiero dolor, que del profundo pecho De este tu propio antiguo usado nido De encendidos suspiros y de llanto Vivo, tan abundante y larga vena Sacas, y fuera envías por tus ministros Los ojos tristes, y la amarga boca, Que a entrambos el debido oficio impides, Afloja un poco, ¡oh dolor fiero! afloja, Fiero dolor, un poco: y de las lágrimas, Que en mis ojos cuajadas hacen turbia Mi débil vista, alguna parte enjuga; Porque con este hierro, que algun día Ha de dar fin a mi cansada vida, En este tronco escriba mis querellas; Do por ventura la engañosa Dafne Tornando de la caza calurosa, O sedienta, a buscar o sombra o agua, Vuelva acaso los ojos y los lea. O si esto no, serán piadoso ejemplo A amorosos pastores: mas en vano Te pido luz: que mal podrá escribirlas La flaca mano; antes alarga el freno, Deja libre salir esta corriente De llanto: y ciega a tu placer mis ojos, Los espesos suspiros templa un poco: Porque puedan salir a vueltas de ellos Mis roncas voces: Dafne, ingrata Dafne, Que mientras vas con el sol nuevo alegre Del espacioso mar las bravas ondas, Que crecen de mis lágrimas, mirando; O en jardín deleitoso, al manso viento De cuidados de amor libre paseas; O en apartado valle en árbol verde Por ventura de amor pensosa escribes: Mientras do quier que vas, das con los ojos Lumbre, reposo, yerbas, flores, hojas: Tu Thirsi, ¡ay Dios! tu Thirsi un tiempo yace Solo con su dolor entre esta selva, Encerrado en sus tristes pensamientos: Que ya ni verde prado, o sombra fresca Ni olor suave de diversas flores, Ni dulce murmurar de clara fuente, Ni otra cosa otro tiempo dulce y cara Le es dulce, o cara, sino el llanto solo; Con éste riega en torno el bosque, y corren Por estos valles de él mil turbios ríos. ¡Cuántos Pastores, cuántas Pastorcicas Amorosas, oyendo mis gemidos, Han llorado conmigo, consolándome, Sin saber de mi mal la dura causa! ¿Qué me dijo una vez la blanca Alcea Movida a compasión? ¿Qué dijo Clori? La rubia Clori, amor de mil Pastores: Que estando yo cantando, ella vencida Del amor que me tiene, entra estas ramas Escondida, tu nombre oyó en mis versos. ¿Ay amargas palabras, cuán impresas Os tiene dentro el corazón, o Thirsi, De tus riberas no pequeña gloria, Cuál estrella cruel, cuál fiera saña Te mueve contra ti? ¿Tú mismo buscas Tu presto fin en tus más tiernos años, ¿Quién te fuerza a pasar tan triste vida Apartado de aquel sabroso tiempo, Donde con honra tanta en tantas pruebas Sobre cualquier Pastor glorioso andabas? ¿No te vi Thirsi yo? Ah, que bien debo Acordarme del día, en las solemnes Bodas de Alcipe, estar cual prado en Mayo De guirnaldas ganadas en mil pruebas Cercado al derredor, ufano y ledo. ¿Qué tienes ya de aquél? de aquél que pudo A mí misma robarme? ¿A dónde es ida Tu gracia? ¿a dónde la color del rostro? ¿A dónde está la fuerza de tus ojos Amorosos o airados? ¿Quién te tiene Parado tal? que si tu imágen viva Desde aquel, para mí cuitado día, Dentro el pecho esculpida no estuviera, Te conociera apenas. Mira, o Thirsi, Que aun a mí tu dolor me desfigura: ¿Y tú cruel, el justo amor debido A tu Clori, tan mal en Dafne empleas? Mas así va: son estos los misterios De la Diosa cruel Reina de Cipro, Que desiguales ánimas y formas Se deleita enlazar con crudo juego. Alcipe ama a Damón: Damón a Clori: Arde Clori por Thirsi, y Thirsi ingrato Por Dafne: Dafne está entregada a Glauco: En Glauco no hay amor. Apenas pude Escuchar hasta aquí, que airado en vista, Y muy más dentro el corazon, le dije: Huye delante mí, malvada Clori, No me fatigues más con falsas nuevas. Ella se fue; mas levantó primero Los ojos lagrimosos hacia el Cielo: Y no sé si pidió de mí venganza: Pero bien se la doy: desde aquella hora He estado sin moverme aquí tendido Conmigo imaginando, cómo sea Que por amar a Glauco a Tirsi olvides. De secreta virtud pequeña yerba No nace, o planta en este monte o valle, De quien no tenga yo cierta noticia, Y la sepa apropiar a sus efectos. ¿Cuándo nació jamás por aquí entorno Contienda pastoril, que yo no fuese Elegido juez por ambas partes? ¿Cuándo en fiesta quedé sin algun premio? Testigos son esta zampona y vaso, Y ese collar, que cuelga de tus pechos. Pues si versos se precian, ya te dieron Otro tiempo loor mis dulces versos: Y si envueltos en lágrimas no fueran, Te pudieran dar nombre y gloria eterna. Mil ovejas, que van presas del lobo Por estos bosques, y solían ser mías, ¿No te dieron un tiempo de sus partos? ¿No te dieron mis versos fruta y flores? ¿Por qué me ha de vencer pastor ajeno, Y si no vil, que yo menos famoso? En ánimo gentil bien poco debe Poder caduca flor de hermosura: ¿En qué me pasa Glauco? Mas tú eres La causa, que a él la das, y a mí la quitas: Que si suerte trocásemos, sería Por ventura al revés. ¡Ah Dafne ingrata! ¡Ah Dafne desleal! ¡perjura Dafne! Si esto es verdad, cruel Dafne, ¿qué hago? ¿A qué quiero esperar, que venga a pasos Perezosos la muerte? aunque está cerca, Yo quiero apresurarla. En esto prueba A levantarse, pero no sostienen Los pies débiles carga tan pesada: Torna a caer, y con dolor de verse Estorbar el morir, corre a la muerte, Perdiendo los espíritus vitales. Mas presto torna, a su pesar, la vida: Y torna juntamente el llanto amargo.