Versos Spanish Gaspar Melchor de Jovellanos Idilio Primero Anfriso A Belisa

Spanish poem

Idilio Primero Anfriso A Belisa

by (1744–1811)

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Del Betis recostado sobre la verde orilla, así el pastor Anfriso se lamentaba un día, culpando los desprecios de la crüel Belisa: —Permita el justo cielo, desapiadada ninfa, que en la aflicción que lloro te vea yo algún día; permitan de los dioses las siempre justas iras que con tu llanto y quejas consuele yo las mías. Cuando de aquél que adoras, mofada y ofendida, te quejes a los cielos, los montes y las silvas; cuando tu rostro ingrato descubra la ruina de los rabiosos celos, de las celosas iras; y cuando de tus ojos las luces homicidas cuidados oscurezcan, pesares y vigilias, y del contino llanto las mire yo marchitas; entonces, solazada, la triste ánima mía olvidará sus penas, sus males y sus cuitas; entonces el llanto ardiente que hoy riega mis mejillas, a vista de tu llanto convertiráse en risa; entonces las angustias que el corazón me atristan, las ansias que le aquejan, los celos que le aguijan, se trocarán en gusto, consuelo y alegría.

En vano te deleitas al ver el llanto mío, crüel Belisa. En vano celebras mis suspiros. De lágrimas ardientes mi rostro humedecido, con las vigilias flaco, con el dolor marchito, tu liviandad arguye, reprende tus caprichos, y al mundo entero grita tu infamia y tu delito. Estos que en mi semblante ves de dolor indicios, no son exequias tristes hechas a un bien perdido, ni son a tu hermosura tributos ofrecidos: de tu perfidia sólo son argumento fijo, horror de tus engaños, baldón de mis delirios. No lloro tus rigores, ni siento haber perdido correspondencias falsas, favores fementidos; de mi ceguedad sólo y mis engaños gimo; lloro a un ingrato numen los hechos sacrificios, y el exhalado incienso sobre un altar indigno; lloro el recuerdo infame del cautiverio antiguo, y el peso vergonzoso de los llevados grillos. En mi memoria triste revuelvo de contino obsequios mal pagados, desdenes mal sufridos, pospuestas y olvidadas finezas y suspiros. Pero, Belisa, en vano te agrada el llanto mío. Amor, que ya me mira con ojos compasivos, mil veces reprendiendo mis lágrimas, me dijo: -Nada en perderla pierdes, ¿por qué lloras, mezquino?

Ya, gracias a los dioses, Belisa, estoy contento; ya está mi rostro alegre, mis ojos ya están secos. Aquel cuitado Anfriso, que en el pasado tiempo en pos de tus encantos corría sin sosiego; aquél que en tu semblante buscaba iluso y necio delicias engañosas, mentidos pasatiempos; aquél que en tus dos ojos hallaba dos luceros, mil perlas en tu boca, mil flores en tu seno; ya sin amor, sin susto, sin ansias ni deseos, lejos de ti o contigo, tranquilo está y sereno. Si al paso de los suyos salen tus ojos bellos, ni su color se muda, ni pierde su sosiego, ni el corazón le avisa del ya pasado incendio. Sobre los mismos labios que en el antiguo tiempo sólo formar sabían querellas y lamentos, residen ya los chistes, la risa y el contento, las sazonadas burlas, los dichos placenteros. Sus ojos deslumbrados, que antes el dios pequeño cerró con tierna mano del mundo a los objetos, dejándolos ¡oh cruda! para ti sola abiertos, hoy llenos de alegría, vivaces y traviesos, siguen el dulce hechizo de mil semblantes bellos, y de otros bellos ojos beben el dulce incendio: que ni los turba el llanto, ni ofuscan los desvelos.

Belisa, al fin los cielos de mí se han apiadado: tú lloras y te afliges, yo estoy alegre y canto. Al que antes, engañado, favoreciste tanto, ya con dolientes voces el nombre das de ingrato. Por él tu amor sin seso rompió los dulces lazos que mi inocente cuello uncían a tu carro. Por él abandonaste mi fe, mi amor, mi llanto, tu honor y tu decoro, con engañoso trato. Por él, en fin violaste mil juramentos santos, rompiste mil promesas, forjaste mil engaños. Ahora, despreciada, derramas llanto amargo: pues llora, injusta, llora, que Anfriso está vengado.