Spanish poem
Idilio Sexto A La Misma
by Gaspar Melchor de Jovellanos (1744–1811)
No sale más galana por las doradas puertas de Oriente, del anciano Titón la esposa bella, que sales tú a mis ojos, oh dulce Galatea, cuando a gozar del día el blando lecho dejas; ni más resplandeciente su cara al cielo enseña la plateada luna, que el tuyo tú a la tierra, do imprimen hoy tus plantas la delicada huella. Sin duda de las gracias el coro, a tu lindeza añade en esta hora mil perfecciones nuevas: brilla tu frente hermosa con luz muy más serena, y como al cielo el iris, así tus negras cejas dividen el nevado contorno de tu esfera; tus ojos... Musa mía, ¿cómo tu voz pudiera los rutilantes ojos pintar de Galatea? ¿Quién me dará que junte del sol las luces bellas, las sombras de la noche y el fuego de la esfera, para pintar los brillos, la gracia y la viveza de tus divinos ojos, oh dulce Galatea? Absorta el alma mía los mira y los contempla, sus luces la embriagan, sus llamas la penetran. Veo que en tus mejillas la rosa bermejea, y del clavel purpúreo tus labios son afrenta. Juegan sobre tu boca las risas halagüeñas, y en el ebúrneo pecho la cándida azucena derrama su blancura. ¡Ay Dios, cuántas bellezas mis ojos inflamados registran en tu esfera! ¡Ah, no me las ocultes, oh cruda Galatea! ¡Guarte, que no se enoje, si al mundo se las niegas, la mano bienhechora de la Naturaleza! ¿Criólas por ventura para que no se vieran? Si es ella generosa, ¿por qué eres tú avarienta?