Versos Spanish Gaspar Melchor de Jovellanos Verdes Campos, Florida Y Ancha Vega

Spanish poem

Verdes Campos, Florida Y Ancha Vega

by (1744–1811)

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Verdes campos, florida y ancha vega, donde Bernesga próvido reparte su onda cristalina; alegres prados, antiguos y altos chopos, que su orilla bordáis en torno, ¡ah, cuánto gozo, cuánto a vuestra vista siente el alma mía! ¡Cuán alegres mis ojos se derraman sobre tanta hermosura! ¡Cuán inquietos, cruzando entre las plantas y las flores, ya van, ya vienen por el verde soto que al lejano horizonte dilatado en su extensión y amenidad se pierde! Ora siguen las ondas transparentes del ancho río, que huye murmurando por entre las sonoras piedrezuelas; ora de presto impulso arrebatados se lanzan por las bóvedas sombrías que a lo largo del soto, entretejiendo sus copas, forman los erguidos olmos, y mientras van acá y allá vagando, la dulce soledad y alto silencio que reina aquí, y apenas interrumpen el aire blando y las canoras aves, de paz mi pecho y de alegría inundan. ¿Y hay quien de sí y vosotros olvidado viva en afán o muera en el bullicio de las altas ciudades? ¿Y hay quien, necio, del arte las bellezas anteponga, nunca de ti, oh Natura, bien copiadas, a ti, su fuente y santo prototipo? ¡Oh ceguedad, oh loco devaneo, oh míseros mortales! Suspirando vais de contino tras la dicha, y mientras seguís ilusos una sombra vana os alejáis del centro que la esconde. ¡Ah! ¿dónde estás, dulcísimo Batilo, que no la vienes a gozar conmigo en esta soledad? Ven en su busca do sin afán probemos de consuno tan süaves delicias: corre, vuela, y si la sed de más saber te inflama, no creas que entre gritos y contiendas la saciarás. ¡Cuitado!, no lo esperes, que no escondió en las aulas rumorosas sus mineros riquísimos Sofía. Es más noble su esfera: el universo es un código; estúdiale, sé sabio. Entra primero en ti, contempla, indaga la esencia de tu ser y alto destino. Conócete a ti mismo, y de otros entes sube al origen. Busca y examina el orden general, admira el todo, y al Señor en sus obras reverencia. Estos cielos, cual bóveda tendidos sobre el humilde globo, esa perenne fuente de luz, que alumbra y vivifica toda la creación, el numeroso ejército de estrellas y luceros, a un leve acento de su voz sembrados, cual sutil polvo en la región etérea; la luna en torno presidiendo augusta de su alto carro a la callada noche; esta vega, estos prados, este hojoso pueblo de verdes árboles, que mueve el céfiro con soplo regalado; ésta, en fin, varia y majestuosa escena, que de tu Dios la gloria solemniza, a sí te llama y mi amistad alienta. Ven, pues, Batilo, y a su santo nombre juntos cantemos incesantes himnos en esta soledad. Aquí un alcázar, cuyo cimiento baña respetuoso el río, y cuyas torres eminentes a herir se atreven las sublimes nubes, ofrece asilo a la virtud, que humilde en él se oculta y vive respetada. Huyendo un día del liviano mundo, halló tranquilo, inalterable albergue entre los hijos del patrón de España, que adornados de blancas vestiduras y la cruz roja en los ilustres pechos llevando, aquí sus leyes reconocen, y a Dios entonan santas alabanzas, perenne incienso enviando hasta su trono. ¡Ah!, si no es dado a nuestra voz, Batilo, turbar su trono con profano acento, ven, y en silencio al Padre Omnipotente humilde y pura adoración rindamos. Después iremos a gozar, subidos en el alto terrero, de la escena noble y augusta que se ofrece en torno. De allí verás el tortüoso giro con que el Bernesga la atraviesa, y cómo, su corriente por ella deslizando, ora se pierde en la intrincada selva, cual de su sombra y soledad ansioso, ora en mil arroyuelos dividido, isletas forma, cuyo breve margen va de rocío y flores guarneciendo. Después reúne su caudal, y cuando, robadas ya las aguas del Torío, baña orgulloso los lejanos valles, súbito llega do sediento el Esla sus claras ondas y su nombre traga. Allí Naturaleza solemniza tan rica unión, poblando todo el suelo de verdor y frescura. Verás cómo buscan después al Órbigo, que a ellos corre medroso, huyendo de su puente, del celebrado puente que algún día tembló a los botes de la fuerte lanza con que su paso el paladín de Asturias de tantos caballeros catalanes, franceses y lombardos defendiera. Aún dura en la comarca la memoria de tanta lid, y la cortante reja descubre aún por los vecinos campos pedazos de las picas y morriones, petos, caparazones y corazas, en los tremendos choques quebrantados. Mas si el amor patriótico te inflama y de otro tiempo los gloriosos timbres te place recordar, sígueme, y juntos observemos la cumbre venerable de los montes de Europa, el ardua cumbre do nunca pudo el vuelo victorioso de las romanas águilas alzarse, que si ambicioso, sin ganarla, quiso dar al orbe la paz un día Octavio, cuando triunfara de su humilde falda, su paso ella detuvo, y, no rendida, ella fijó los términos del mundo. Ve allí también do un día se acogiera del árabe acosado el pueblo ibero, su cuello al yugo bárbaro negando. ¡Oh venerable antemural! ¡Oh tiempo de horror y de tumulto! ¡Oh gran Pelayo! ¡Oh valientes astures! A vosotros su gloria debe y libertad la patria. A vosotros la debe, y sin el triunfo de vuestro brazo, el valle, do fogosa mi canto enciende la española musa, fuera para un tirano berberisco hoy por sus fuertes hijos cultivado, y la dorada mies para sustento de un pueblo esclavo y vil en él creciera. De infamia tal salvola vuestro esfuerzo: de vuestro brazo a los mortales golpes cayó aterrado el fiero mauritano; su sangre inundó el suelo, y con las aguas del Bernesga mezclada, llevó al hondo océano su afrenta y vuestra gloria. Ven, pues, Batilo, ven, y tu morada por este valle mágico trocando, la vana ciencia, la ambición y el lujo a los livianos pechos abandona, y el tuyo, no, para ellos no nacido, con tan gratas memorias alimenta.