Versos Spanish Gaspar Melchor de Jovellanos Te Probó Un Tiempo La Fortuna, Y Quiso

Spanish poem

Te Probó Un Tiempo La Fortuna, Y Quiso

by (1744–1811)

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Te probó un tiempo la fortuna, y quiso oh caro Inarco, de tu fuerte pecho la constancia pesar. Duro el ensayo fue, pero te hizo digno de sus dones. ¡Oh venturoso! ¡Oh una y muchas veces feliz Inarco, a quien la suerte un día dio que los anchos términos de Europa lograse visitar! ¡Feliz quien supo por tan distantes pueblos y regiones libre vagar, sus leyes y costumbres con firme y fiel balanza comparando; que viste al fin la vacilante cuna de la francesa libertad, mecida por el terror y la impiedad; que viste malgrado tanta coligada envidia, y de sus furias a despecho, rotas del belga y del batavo las cadenas; que al fin, venciendo peligrosos mares y ásperos montes, viste todavía gemir en dobles grillos aherrojado al Tibre, al antes orgulloso Tibre, que libre un día encadenó la tierra! ¡Cuánto, ah, sobre su haz destruyó el tiempo de vicios y virtudes! ¡Cuánto, cuánto cambió de Bruto y Richelieu la patria! ¡Oh, qué mudanza! ¡Oh, qué lección! Bien dices: la experiencia te instruye. Sí, del hombre he aquí el más digno y provechoso estudio: ya ornada ver la gran naturaleza por los esfuerzos de la industria humana, varia, fecunda, gloriosa y llena de amor, de unión, de movimiento y vida; o ya violadas sus eternas leyes por la loca ambición, con rabia insana, guerra, furor, desolación y muerte; tal es el hombre. Ya le ves al cielo por la virtud alzado, y de él bajando, traer el pecho de piedad henchido, y fiel y humano y oficioso darse todo al amor y fraternal concordia... ¡Oh, cuál entonces se solaza y ríe, ama y socorre, llora y se conduele! Mas ya le ves que del Averno escuro sale blandiendo la enemiga antorcha, y acá y allá frenético bramando, quema y mata y asuela cuanto topa. Ni amarle puedes, ni odiarle; puedes tan solo ver con lástima su hado, hado crüel, que a enemistad y fraude y susto y guerra eterna le conduce. Mas ¿por ventura tan adverso influjo nunca su fuerza perderá? ¡Qué!, ¿el hombre nunca mejorará?... Si perfectible nació; si pudo a la mayor cultura de la salvaje estúpida ignorancia salir; si supo las augustas leyes del universo columbrar, y alzado sobre los astros, su brillante giro, su luz, su ardor, su número y su peso, infalible midió; si, más osado, voló del mar sobre la incierta espalda a ignotos climas, navegó en los aires, dio al rayo leyes, y a distantes puntos, como él veloz, por la tendida esfera sus secretos envió; por fin, si pudo perfeccionarse su razón, ¿tan sólo será a su tierno corazón negada la perfección? ¿Tan sólo esta divina, deliciosa esperanza? ¡Oh caro Inarco! ¿No vendrá el día en que la humana estirpe, de tanto duelo y lágrimas cansada, en santa paz, en mutua unión fraterna, viva tranquila? ¿En que su dulce imperio santifique la tierra, y a él rendidos los corazones de uno al otro polo, hagan reinar la paz y la justicia? ¿No vendrá el día en que la adusta guerra tengan en odio, y bárbaro apelliden y enemigo común al que atizare de nuevo su furor, y le persigan y con horror le lancen de su seno? ¡Oh sociedad! ¡Oh leyes! ¡Oh crueles nombres, que dicha y protección al mundo engañado ofrecéis, y guerra sólo le dais, y susto y opresión y llanto! Pero vendrá aquel día, vendrá, Inarco, a iluminar la tierra y los cuitados mortales consolar. El fatal nombre de propiedad, primero detestado, será por fin desconocido. ¡Infame, funesto nombre, fuente y sola causa de tanto mal! Tú solo desterraste, con la concordia de los siglos de oro, sus inocentes y serenos días; empero al fin sobre el lloroso mundo a lucir volverán, cuando del cielo la alma verdad, su rayo poderoso contra las torres del error vibrando, las vuelva en humo, y su asquerosa hueste ahuyente y hunda en sempiterno olvido. Caerán en pos la negra hipocresía, la atroz envidia, el dolo, la nunca harta codicia, y todos los voraces monstruos que la ambición alimentó, y con ella serán al hondo báratro lanzados, allá de do salieron en mal hora, y ya no más insultarán al cielo. Nueva generación desde aquel punto la tierra cubrirá, y entrambos mares; al franco, al negro etíope, al britano hermanos llamará, y el industrioso chino dará, sin dolo ni interese, al transido lapón sus ricos dones. Un solo pueblo entonces, una sola y gran familia, unida por un solo común idioma, habitará contenta los indivisos términos del mundo. No más los campos de inocente sangre regados se verán, ni con horrendo bramido, llamas y feroz tumulto por la ambición frenética turbados. Todo será común, que ni la tierra con su sudor ablandará el colono para un ingrato y orgulloso dueño, ni ya, surcando tormentosos mares, hambriento y despechado marinero para un malvado, en bárbaras regiones, buscará el oro, ni en ardientes fraguas, o al banco atado, en sótanos hediondos, le dará forma el mísero artesano. Afán, reposo, pena y alegría, todo será común; será el trabajo pensión sagrada para todos; todos su dulce fruto partirán contentos. Una razón común, un solo, un mutuo amor los atarán con dulce lazo; una sola moral, un culto solo, en santa unión y caridad fundados, el nudo estrecharán, y en un solo himno, del Austro a los Triones resonando, la voz del hombre llevará hasta el cielo la adoración del universo, a la alta fuente de amor, al solo Autor de todo.