Versos Spanish Gertrudis Gómez de Avellaneda El Día Final

Spanish poem

El Día Final

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¡Cumpliéronse los tiempos! De sus obras Retira el Criador su excelsa mano, Y aquella voz que enfrena al Oceano, Terrible e indignada, —¡Toma! (dice a la nada), Cuanto de ti saqué de mí recobras!— Y alzando el ángel de la muerte el vuelo Por los inmensos campos del vacío, Raudo, entre nubes de color sombrío Que al sol envuelven en luctuoso velo, De planeta en planeta Pasa llevando la sentencia dura, A que el supremo artífice sujeta De su poder la portentosa hechura. Rota la ley que ordena el movimiento De innumerables mundos Por la vasta extensión del firmamento, En vértigos profundos Se escapan de sus órbitas, y errantes, Tristes y oscurecidos Sus destellos brillantes, Vagan entre tinieblas confundidos, Sin rumbo ni compás. Los elementos, Pugnando por romper los eslabones De mil combinaciones A que yacen sujetos, Entre sí luchan con esfuerzo horrible, Y estremecido el orbe Levanta un hondo y pavoroso grito, Que el espacio infinito En sus entrañas lóbregas absorve. ¿Dó está el mísero globo De los hijos de Adán? La sombra envuelve Ese punto mezquino De la gran creación que se disuelve, Y, cual hoja que arrastra el torbellino, En el éter voltea De sus robustos ejes desquiciado, Hallando solo funeraria tea En ese sol ya lívido y nublado. iEscuchad, escuchad! por las ciudades De las artes emporios, Rugiendo van los tigres y panteras: Las aves carniceras Refúgianse en magníficos cimborios De alcázares y templos, y en las grutas De sanguinarias fieras, Hermanos contra hermanos Frenéticos se lanzan los humanos. ¡No hay amor, no hay piedad! Del furor ciego, Del profundo pesar, del negro espanto, Los afectos suaves Huyendo van; y del infante el ruego, De la virgen el llanto, Y del anciano los acentos graves, La desesperación en vano escucha.... ¡Naturaleza con la muerte lucha! ¡Espectáculo atroz! la mar devora Campos y pueblos, que no dejan rastros, Y se alza bramadora Amenazando al cielo, Como si el apagar fuese su anhelo La ya marchita lumbre de los astros. En tanto de la tierra La ponderosa mole Su turbulencia imita; Varágines inmensas abre y cierra, En convulsión se agita, Y cual flexibles cañas Doblan su s crestas ásperas montañas. ¡Mas huye ya la lobreguez! El Éter Súbito se ilumina; Y despejando el sol la roja frente, De su centro desata Volcánico torrente, Que en infinito incendio se dilata. Interminable trueno Rueda en aquel ignífero Oceano; Chocan, crujen, se rompen los planetas, Que en el hirviente seno Giran, como en el mar náufragas naos; Crece el incendio, el cielo se desquicia, ¡Y a una señal de la eternal justicia Se hunde la creación, y torna el caos! ¡Reina la eternidad! sobre los mundos, Devueltos a la nada. El almo tron o del Señor se asienta: Yace a su s pies la muerte encadenada, Rota en su mano inerme La guadaña sangrienta, Y el tiempo inmóvil a su lado duerme!