Spanish poem
He Aquí El Asilo De La Eterna Calma
by Gertrudis Gómez de Avellaneda
He aquí el asilo de la eterna calma, Do sólo el sauce desmayado crece... Dejadme aquí; que fatigada el alma, El aura de las tumbas apetece. Los que aspiráis las flores de la vida Llenas de aroma de placer y gloria, No piséis el lugar do convertida Veréis su pompa en miserable escoria. Venid vosotros , los que el ceño airado Del destino mirasteis en la cuna; Los que sentís el corazón llagado Y no esperáis consolación ninguna. Venid también, espíritus ardientes, Que en ese mundo os agitáis sin tino, Y cuya hidrópica sed sus turbias fuentes Calmar no pueden con raudal mezquino. Los que el cansancio conocisteis, antes Que paz os diesen y quietud los años.... Venid con vuestros sueños devorantes, Venid con vuestros tristes desengaños. Aquí, si os turban sombras de la duda La severa verdad inmóvil vela: Aquí reina la paz eterna y muda Si paz el alma fatigada anhela. Los que aquí duermen en profundo sueño, Insomnes cual nosotros se agitaron... Ya de muerte en el letal beleño Sus abrasadas sienes refrescaron. No aquí las horas, rápidas o lentas, Cuenta el placer ni mide la esperanza: ¡Quiébranse aquí las olas turbulentas Que el huracán de las pasiones lanza! Al infeliz y al venturoso espera Esta región, que la igualdad proclama: La nada de una vida pasajera Aquí la voz de los sepulcros clama. Venid conmigo y al oscuro asilo Silencio y paz demandaremos juntos: Venid conmigo y el solaz tranquilo Gozemos a la par de los difuntos.