Spanish poem
Hay En El Brillante Estío
by Gertrudis Gómez de Avellaneda
Hay en el brillante estío Lánguidas, inertes calmas; De luz y vida la tierra Parece hallarse cansada. En las horas mas ardientes El movimiento hace pausa; Su cáliz plegan las flores; Sus alas encoge el aura. Así del hombre en la vida La edad más fuerte y lozana, Parece que al pensamiento Marchita las frescas galas. La ilusión se descolora, Languidece la esperanza Y a los tonos de la lira No se presta la garganta. El ave de voz más dulce No siempre gozosa canta, Que en el ardor de la siesta Yace muda en la enramada. Solo saluda su acento La luz benigna del alba, Y en la tarde se despide Del crepúsculo que pasa. En vano ¡oh lira! tus cuerdas Armónicos sones guardan, Llegó para mí el estío, Y goza su siesta el alma. ¡Ven, de mis ojos recibe Esta lágrima... y descansa! Sobre tus cuerdas sonoras, Corrieron ¡oh lira, tántas! Es el tesoro que abunda En aquesta tierra ingrata, Do tienes por solo adorno De ciprés mustia guirnalda. Toda voz que al viento envías Es melancólica, infausta, Que el ruiseñor y el poeta Para lamentarse cantan. Enmudeces en las dichas, Que solo sabes llorarlas, Y eternizar sus recuerdos Después que volaron raudas. Así mi fiel compañera Siempre fuiste en la desgracia, E ibas conmigo entre sombras A una tumba solitaria, Do en tanto que yo gemía, Besando la losa helada, Los céfiros de la noche En tu centro suspiraban. Jamás cautiva te tuve Al umbral de regia estancia, Ni de ensañados partidos Atizaste la venganza. Libre como el pensamiento, Y cual él altiva y casta, Fuiste siempre un eco digno De afectos nobles del alma. ¡Cuántas veces en las selvas Saludaste la alborada, Y despertando a tu acento Respondió el ave en las ramas! ¡Cuántas el astro fulgente Tu despedida oyó blanda, En tanto que lo cubrían Nubes de púrpura y gualda! También del mar en los llanos, Buscando extranjera playa, Al silbar el viento ronco, Al mugir las olas bravas, Tus agrestes armonías Volaban sobre las aguas, Como el pájaro atrevido Que se mece en la borrasca. Tal vez ¡oh lira! a volverte A la mano que hoy te lanza, Del porvenir llegue un día Que ya el destino señala: En aquellos años tristes Que anteceden a la parca, Que se acerca silenciosa Su quietud brindando larga. A los hombres el olvido Juventud nueva prepara, Y luce siempre más viva La lámpara que se apaga. Igual el céfiro puro Sopla en la tarde y el alba, Y juega en nacientes rizos Como en cabellos de plata. La vejez no abate a Homero, Aunque de nieves cargada, Y la luz del pensamiento Al ciego Milton le basta. Así yo... mas ¡ay! acaso Me seduce ilusión vana, Y el triste adiós que articulo Será eterno, lira amada! ¡Acaso el destino impío, Que tan tenaz me maltrata, En el piélago del mundo Naufragio horrible me guarda! Del huracán al bramido Será mi voz sofocada, Arrastrándome las olas Cual esas ligeras algas. ¡Mas vive tú, dulce lira! Sigue el curso de las aguas, Sigue el impulso del viento Y escollos y sirtes salva; ¡Y la huella armoniosa Que traces, siguiendo vaya, En los aires suspendida, De cisnes la turba alada!