Versos Spanish Gertrudis Gómez de Avellaneda Prolonga ¡Oh Sol! El Pálido Destello

Spanish poem

Prolonga ¡Oh Sol! El Pálido Destello

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Veo al tiempo veloz que se adelanta Y derriba cun vuelo presurosoCuanto el hombre fabrica, y cuanto planta.

Prolonga ¡oh sol! el pálido destello Que entre las nieblas de Occidente envías, Mientras con planta temerosa huello De esta regia mansión las losas frías. Pavor profundo mis sentidos hiela, Y cuando vago en las desiertas salas En ellas pienso que la muerte vela, Y oigo al tiempo batir sus raudas alas. En torno juzgo respirar miasmas De muerte y destrucción, y en mi locura Las árabes columnas cual fantasmas Miro elevarse entre la sombra oscura. En ese patio escucho roncas voces De soldados que cruzan sus espadas: Miro sus rostros duros y feroces Palidecer de Pedro a las miradas. Y oigo de sus rodillas el crujido Que por señal natura le dio acaso: De un cascabel anuncia así el sonido De la serpiente americana el paso. ¡De la imaginación poder inmenso! Cuando mi voz al fratricida nombra, Mirar su espectro silencioso pienso, Y de Fadrique la sangrienta sombra. Y otra imagen también, bella, doliente, Que al asesino mira y le perdona, Mientras arranca a la ultrajada frente La que un tiempo le dio, fatal corona. Gritos, tumulto, risas, maldiciones, Con extraño clamor hieren mi oído, Y en tropel cruzan hórridas visiones. Todo mezclado, incierto, confundido. Y entre el terror y la piedad dudosa Con las quimeras de mi mente lucho, Cuando de Pedro el beso, cariñosa Volver gimiendo a la Padilla escucho. ¡Seductora beldad! cuando tu dueño A tus plantas sumiso se rendía Del corazón del tigre viendo el sueño ¿De amor tu pecho, o de terror latía? ¡Pasad, pasad fantasmas pavorosos Que en este sitio la memoria evoca, Guardad vuestros secretos tenebrosos. Que osó pediros mi insensata boca! ¡Pasad, pasad y el pensamiento mío, A más remotos tiempos trasportado, Este recinto poblará sombrío, De tan negros recuerdos olvidado! ¡Monumento soberbio! de mi mente No el libre vuelo a tus paredes ciñas, Ni los cuadros que rica me presente De fúnebres colores solo tiñas. Aquí do altiva elevas tu cabeza Que resistes del tiempo a los rigores, En otro regio alcázar su grandeza Ostentaron los árabes señores. Pasaron ¡ay! como pasó su gloria, Y enmudeció el recinto do algún día A los himnos de amor y de victoria La grave voz del Muédano se unía. No más se oyeron sus heroicos hechos Al son de los alegres añafiles: Los arabescos de sus ricos techos No más ornaron lámparas a miles. Ni hubo ya juegos, zambras ni festines, Ni justas bulliciosas, ni torneos En que rindieran bravos paladines Por tributo a las bellas sus trofeos. ¡Alcázar oriental! las ilusiones De aquellos tiempos a tu lado llama, Y el hielo sepulcral de tus salones Con un recuerdo de placer inflama. Dime la adversa y próspera fortuna Del poderoso orgullo mahometano: Dime cómo cayó la media luna Al golpe del acero castellano. Despiértense los ecos adormidos Y los himnos repitan que escucharon Cuando en las altas torres extendidos Los estandartes de la Cruz ondearon. ¡Mas en vano la ardiente fantasía Poblar tu triste soledad presume! ¡En vano por vencer tu calma fría El pensamiento su vigor consume!...

¡Ay! tú también un día caerás desmoronado; Cual roble que en su furia destroza el aquilón; Y tu soberbio muro, por reyes levantado, Será de los reptiles pacífica mansión. Materia que animara del hombre el pensamiento, Cansada ya te encuentras de tu prestado ser, Y quieres de su orgullo burlar el vano intento Mostrando en tus ruinas su efímero poder. Así cuando yo busque ta solitaria almena, Tus muros seculares, tu silencioso umbral, Escombros mutilados solo hallaré con pena, Y tal vez en tu sitio inmundo cenagal. Mas ¡oh delirio insano! cual sombra presurosa, Ante tus viejos muros mi vida pasará, Y el tiempo que combate tu mole ponderosa, Como a hoja seca el viento veloz me arrastrará. Efímera criatura que los minutos cuenta, Y es, aun viviendo, un día escombros del que fue, El hombre, que sus obras eternizar intenta, No deja en su camino la estampa de su pie. Los siglos han pasado sobre tu frente erguida, Los siglos venideros aun te han de saludar; Mas cada breve instante de mi agitada vida Sobre mi frente graba sus huellas al pasar. Cual polvo que se eleva y vuela dispersado Huirá con las pasadas la actual generación... ¡De recuerdos de glorias y crímenes cargado, Tú quedas del destino terrífico padrón!