Versos Spanish Gertrudis Gómez de Avellaneda Que Pase En Paz Por El Tropel Injusto

Spanish poem

Que Pase En Paz Por El Tropel Injusto

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Muse! contemple ta victime!

Que pase en paz por el tropel injusto De un mundo cuyos goces él ignora, Que pase en paz el desgraciado augusto A quien su alma devora. Huid placeres, huid su austera vida Y respetad sus púdicos dolores, Que su palma no crece confundida Con vuestras vanas flores. ¡Ah! no turbéis con locas alegrías Su insomnio ardiente y su inspirado canto... ¡Ved! cada paso en las sublimes vías Se riega con su llanto. Llora su juventud sin embeleso, La vida en su mañana marchitada, De la inmortalidad al grave peso Débil caña doblada: Y llora, bella infanda, tus encantos, Tus juegos bulliciosos, tu alegría, Tus dulces risas, tus pueriles llantos, Tu pasado de un día. Y el ala de oro donde tu reposas, Y tu placer purísimo, inocente, Y tu corona de aromadas rosas Que secara su frente. A su siglo; a su lira acusa airado Y a su esperanza dulce e ilusoria, Y a la copa funesta que ha colmado De tanta hiel la gloria. Y a sus votos siguiendo las fatales Promesas de su genio con anhelo, Y a su musa y los dones celestiales Que no son ¡ay! el cielo. ¡Si al menos los pesares con que lidia Aletargase bienhechor beleño, Y sus triunfos pasasen, y la envidia, Sin alterar su sueño! ¡Si preparar pudiese su memoria En el olvido, y de esplendor velado, Como en el sol un ángel, en su gloria Quedarse sepultado!... Mas ¡ay! es fuerza en la común arena Seguir de la ola el ímpetu violento, Y respirar el aire que envenena El hombre con su aliento. Su grave voz se pierde en el torrente De la ignorancia y del orgullo vano... Los hombres juegan con el cetro ardiente Que pesa ¡ay! en su mano. ¿Qué importa vuestro imperio corrompido A ese inmortal que en soledad suspira? ¿No tiene vuestro mundo asaz ruido Sin su canto y su lira? ¿Por qué de sus dominios tan distante A ese monarca conducís, insanos?... ¿Qué importa, respondedme, a ese gigante Una corte de enanos? Dejadle entre sus sombras, do desciende La luz que da más vivos resplandores: ¿Sabéis que allí su musa el ala extiende Y arrulla sus dolores? ¿Sabéis que vierte en su vigilia inquieta, La paloma de Cristo inspiraciones, Y el águila sublime del profeta, Dejando sus regiones? Y en las santas visiones del desvelo Soles tal vez y esferas apagadas, Pasan en multitud por otro cielo Visible a sus miradas. Y busca, por querubes conducido, De que formas y aspectos ignorados El ser universal es revestido, En mundos apartados. ¿Sabéis que abrasa su mirada intensa Y que el velo que toca vuestra mano, Ese velo que cubre su alma inmensa, No se levanta en vano? ¿Sabéis que su ala en un batir podría Salvar de los extremos el camino, Para pasar de la infernal orgía Al banquete divino? Dejad por sus senderos solitarios Al que marcó el señor con ese sello, Sello que veis, mortales temerarios, Funesto como bello. Sus ojos ¡ay! divisan más misterios Que los que leen los muertos en las losas De sus abandonados cementerios, En horas silenciosas. Y vendrá día en que con laúd bendito, Y de un augusto sacerdocio armado, Le envíe la musa a un mundo de delito, Y de sangre abrevado. A que ilumine nuestro orgullo ciego, Que ama el error y a la verdad rechaza, Y del Dios poderoso lleve el ruego Al hombre que amenaza. Un formidable espíritu le enciende... ¡Parece!... y en relámpagos lanzada Su alta palabra los espacios hiende, Y es do quier escuchada. Culto le dan los pueblos de la tierra: Forman los rayos su corona ardiente... ¡Sinaí divino que tronando encierra Todo un Dios en su frente!