Spanish poem
Un Apeles De Barba Rubia
Un Apeles de barba rubia y de ojo límpido y azul, se disponía una mañana a retratarse en plena luz; tomó pinceles y paleta, y bien provisto de color, acomodó su caballete donde le diese oblicuo el sol. ¡Ras! una línea. «Estoy, se dijo, en mi florida juventud, tengo una barba crespa y rubia y el ojo límpido y azul; »hay que poner en las pupilas una infinita claridad que reproduzca, en limpias ráfagas, la iluminación cerebral; »hay que trazar esta cabeza, urna del genio y del amor, y descoger sobre las sienes una cabellera de dios; »será la boca flor de fuego, felina, elástica, sensual, do vibren púrpuras y esmaltes del marisco más singular; »que el oído perciba el eco de lo que dice en queda voz la roca a la espuma que pasa y el crepúsculo al arrebol, »y la nariz sienta el perfume con tan sutil intensidad, que no le escape una molécula en su divisibilidad»... Pintaba el maestro, pintaba cuando, abriéndose la pared, un esqueleto pavoroso llegó a colocarse tras él; púsole la mano en el hombro, diciendo: «La Muerte soy yo: traza en tu lienzo mi figura y allí viviremos los dos»... Y el artista siguió pintando con infantil ingenuidad... y se mezclaba en el espejo su faz viva a la muerta faz. Súbitamente huyó el fantasma atravesando la pared. (El artista pintó a la intrusa apoyada la mano en él). mejillas, color y nariz; ¡Qué buen retrato!, barba y rizos, ¡(pié bien la barba! y esos dientes y esa palidez de marfil; sólo que el ojo copia, triste la iluminación cerebral, y la nariz se abre a perfumes de una acritud particular; que el oído percibe frases de desaliento y de dolor, y parece escuchar el ritmo del más pausado corazón; ¡la boca tan sólo, esa boca felina, elástica, cruel, se pliega en gesto voluptuoso de melancólico desdén!... El maestro miró el retrato como buscando la razón de aquella indecible amargura que al comenzarlo no ideó. «Ya estoy, prorrumpe; si es que opaca ese amarillo sepulcral el tono opalino, el violeta y el rosado crepuscular». Y un poeta que estaba oyendo, «pienso, le dijo, como tú: ese amarillo de las tumbas nos ha entristecido el Azul»...