Versos Spanish Ignacio Manuel Altamirano Basilio Cansancio (A Orillas Del Mar)

Spanish poem

Cansancio (A Orillas Del Mar)

by

Listen in the reader

Bajo un dosel de cenicientas nubes, Y el cielo de los trópicos por techo, Del mar tranquilo en el profundo lecho Escondida del sol la frente está. Los viejos mangles de la costa, inclinan Lánguidas de calor sus cabelleras; Y el viento de la tarde, en las palmeras Susurra lento y perezoso ya. Aquí del mar en la desierta orilla, Tan risueña otra vez y encantadora, Demos rienda al pesar que nos devora: Corra, mujer, el llanto del dolor. Déjame reclinar sobre las peñas Mi enferma frente, de sufrir cansada, Y déjame que llore, desdichada: ¿Por qué me pides pláticas de amor? Me torturas el alma; yo no puedo Mentirte una pasión, como tú mientes: ¿Cómo arrojar podrá lavas ardientes Si sólo tiene hielo el corazón? ¿No has comprendido aún qué significa De mi mal espantoso la fijeza? ¿Acaso yo no entiendo tu tristeza? ¡Ha muerto ya nuestra fatal pasión! No finjas más; de nuestros labios salga Esa verdad, aunque terrible y dura; No hay lazo ya en nosotros de ternura, Y arrastramos los grillos del pesar. Nuestros besos son fríos... nuestros brazos Ha fatigado el perezoso tedio... Nuestros ojos se apartan... no hay remedio, Esta horrible ficción debe acabar. ¿No ves que a nuestro paso todo muere, Todo se inclina lánguido y se agosta? ¿No ves en las florestas de la costa Las hojas de los árboles caer? De tu morada triste a la ribera, Qué halla tu pie, sino punzantes cardos En vez de aquellos aromosos nardos Que entapizaban tu camino ayer? ¿No ves que huyendo, alzó la primavera De la tierra su manto de verdura, Y de sus rojos mirtos la llanura El soplo del invierno despojó? Las fecundantes nubes ya son idas, Nuestro horizonte bello empalidece, El pueblo de las aves enmudece, Y el trasparente mar se ennegreció. Lo mismo pasa en nuestro amor, señora; Su hermosa primavera brilló un día, Pero hoy, nos mata indiferencia impía... ¡Llegó el invierno al corazón también! Apagose la lumbre de tus ojos, Y enmudeció cansado en un instante Ese pecho, otras veces palpitante Al abrigar mi enardecida sien. ¿Lloras? también yo sufro, me fatiga Esta pesada y lóbrega existencia De horrible saciedad, de indiferencia, De tormento constante y roedor. Hay otros seres que al amor se entregan, Y son felices ¡ay! yo los envidio, Yo que apenas amé, cuando ya lidio Con el tedio, la duda, el desamor. Sufro al mirar que junto á ti, en la playa, Las llores de la tarde voluptuosas Abriendo van sus senos amorosas, Hoy que la noche se extendió en el mar. Y de su cáliz de marfil turgente Exhalan sus aromas virginales, Al soplo de los áridos terrales Que hace de amor sus pétalos temblar. Y te contemplo allí, muda inclinando Tu rostro que el dolor cubre sombrío, Inundado del llanto que el hastío, No el amor de otro tiempo te arrancó. Ya estás marchita, y te pidiera en vano Para alentar mi lánguida existencia De los deleites la ardorosa esencia; Ya el cáliz de tu seno se agotó. Separarnos debemos par a siempre, Y un tormentoso porvenir ahorremos; Nuestros votos mentidos olvidemos, Fue nuestra historia un sueño de placer! Libres nos deja el desengaño impío Cuya segur odiosa nos separa; Como libres también nos encontrara Antes de unirnos la esperanza ayer.

Ya las aves del mar en tardo vuelo Van a las rocas a buscar su nido, Y el tumbo de la mar enfurecido Su espuma arroja hirviendo a nuestro pie. Entre el capuz de tenebrosa noche Se ha perdido a lo lejos la montaña; Del pescador la lumbre en la cabaña Pálida y triste fulgurar se ve. Vamos, señora, por la vez postrera Nuestro sueño a dormir bajo de un techo; Porque la noche próxima, en tu lecho Solitaria y ya libre te hallarás. Debemos darnos sin llorar, sin pena, El triste adiós del desencanto ahora: ¡Oh, sí... mañana al despuntar la aurora Alejarme por siempre me verás!