Spanish poem
¡Oh, Dios! ¿Quién Me Diera Volver A Esos Días
by Ignacio Manuel Altamirano Basilio
¡Oh, Dios! ¿quién me diera volver a esos días De goces tranquilos y sueños de amor, Y allí en tus riberas azules y umbrías, Dormir escuchando tu dulce rumor? ¡Qué pronto pasaron mis horas risueñas, Mis blancas visiones, mis noches de paz! ¡Qué pronto pasaron, hiriendo halagüeñas Mi pecho, a su paso, con dicha fugaz! Tristísima invoca venturas pasadas El alma doliente que gime sin fe; Tristísimas buscan mis yertas miradas Allí entre tus bosques al ángel que amé Tú fuiste de amores felices, testigo; Mi Carmen, tus playas ardientes pisó: Su voz escuchaste, tú fuiste su amigo, Tu linfa su imagen divina espejó, Porque ella buscaba tu lecho de flores Que anima el aliento de un Mayo eternal, Y el búcaro tibio de blandos olores Que suave acaricia tu limpio cristal. ¡Qué tardes hermosas allí en tus riberas; Qué dulce es el rayo del sol junto a ti! ¡Qué sombras ofrecen tus verdes mangueras, Qué alfombras de césped se extienden allí! La flor del naranjo la brisa embalsama, Los nardos perfuman el bosque también; El mirto silvestre su aroma derrama, Y el plátano esbelto refresca la sien. ¡Oh río! mi historia de dicha tú vistes, Allí en tus riberas borrada estará... Vinieron mis tiempos nublados y tristes, Aquella divina mujer... ¡murió ya! Tan sólo me queda la dulce memoria De aquel desdichado, tiernísimo amor, Cual vago reflejo de pálida gloria, Cual de astro que pasa fugaz esplendor. ¿Te acuerdas? yo iba las flores cogiendo Más frescas y puras, en pos de mi bien, Y ella guirnaldas hermosas tejiendo, Que luego adornaban su cándida sien. ¡Oh! sí, ¡cuántas veces con rojas verbenas Los negros cabellos joyantes trenzó, Y al ver en tus linfas azules, serenas, Su imagen tan bella, contenta sonrió! Aún nacen las rosas aquí en tus riberas, Aún cantan las aves sus himnos quizás, Aún todo contento respira... y ¿mi amada? No puedes volvérmela, no, murió ya! Sin ella, ¿qué vales, qué ofreces?, ¡oh río! ¿Qué vale ni el mundo, ya muerto el amor? No busco ya solo, tu encanto sombrío, ¡Oh! déjame, lejos, llevar mi dolor. ¡Oh Dios! ¿quién me diera volver a esos días De goces tranquilos y sueños de amor, Y allí en tus riberas azules y umbrías, Dormir escuchando tu dulce rumor?
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