Versos Spanish Ignacio Manuel Altamirano Basilio Yo No Te Vi Jamás; Pero Hubo Un Día

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Yo No Te Vi Jamás; Pero Hubo Un Día

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Yo no te vi jamás; pero hubo un día En que un patriota y joven peregrino Que de esa tierra donde existes, vino Hasta las playas de la patria mía, Conmovido me habló de tu hermosura Que de una diosa el don llamarse puede, Y que admirable y rara, sólo cede A la santa virtud de tu alma pura. —Cruzaba yo, —me dijo tristemente—, Mi camino erial desfallecido Temiendo sucumbir, mas de repente Me encontré sorprendido Al levantar mi dolorida frente, Con un carmen florido; Que resguardan altivos cocoteros, Que embalsaman oscuros limoneros, Y que esmaltan jazmines y amapolas, Y que mecen pujantes De dos océanos las inmensas olas. —Es Panamá la bella; la cintura De la virgen América, allí donde Del mundo de Colón el cielo esconde La grandeza futura. Como símbolo santo, hermoso y puro De esa edad venturosa y anhelada, Cuya luz ya descubre la mirada Del porvenir en el confín oscuro, Existe una beldad, joven, risueña, Inteligente, dulce y seductora Como un amante en sus afanes sueña, Como un creyente en su delirio adora. —Es Ofelia, la diosa de ese suelo, La maga de ese carmen encantado, De dicha imagen ideal deseado, El astro fulgurante de aquel cielo. La perfumada flor, la que descuella, De corola gentil, fresca y lozana, Abriéndose a la luz de la mañana En los jardines ístmicos, — ¡es ella! —Allí la admiración le erigió altares, Incienso le da Amor — la Poesía Le consagra dulcísimos cantares; Y un himno inmenso Libertad le envía Entre el ronco suspiro de los mares. —Yo la vi, la adoré— cual peregrino A quien la mano del dolor dirige; Adorarla y pasar fue mi destino. ¡Ay! Yo me alejo, mi deber lo exige, Mas su recuerdo alumbra mi camino; Yo llevaré su imagen por do quiera, Y confundiendo en uno mis dolores Y en un objeto uniendo mis amores, Yo escribiré su nombre en mi bandera. —Tú a esa tierra lejana En las dóciles alas de los vientos Envía de tu lira los acentos A esa beldad que he visto, soberana. Así me dijo el joven peregrino Y siguió con tristeza su camino. Mi alma adora lo bello, y cree, señora; Te conoce sin verte, y su fe es tanta, Que como Dios a quien no ha visto, ahora Como ha cantado a Dios, así te canta. Como ha adorado a Dios, así te adora.