Versos Spanish José Campo Arana Recuerdos

Spanish poem

Recuerdos

by (1847–1885)

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Suelto el cabello en desatados rizos, que en caprichosas ondas sobre tu espalda mórbida se tienden, velando y no cubriendo sus hechizos; entornados los ojos, que se encienden absorbiendo el placer con sus miradas, tus hermosas mejillas sonrosadas por el calor intenso de la pasion ardiente; entreabierto el labio sonriente, y en lánguido abandono reclinada, altiva recordando con la mente inflamada, los pasados momentos de ventura, la idea de otros mil acariciando que guarda para tí lo venidero... ¡Qué hermosa estás así! ¡Qué feliz eres! ¡Cuántos tesoros guardas codiciosa! ¡Qué ignorados placeres promete tu mirada cariñosa! ¡Oh! pero... escucha y dí: ¿ya no te acuerdas de aquella niña hermosa é inocente, encanto de mi loca fantasía? ¿Acaso no recuerdas su tibia y pura frente?... Toca la tuya... ¿No es aquella?... ¿Abrasa, y no es ya trasparente como aquella?... Mas ¿qué importa si es bella? ¡Sigue escuchando, sigue!... ¿No recuerdas sus ojos apagados, grandes, suaves, serenos... —No me mires...—Los tuyos, entornados, de brillo y pasion llenos, son más hermosos... pero ya han perdido la tranquila mirada que lucia en la niña inocente que amé un dia. ¿Has dado ya al olvido aquellos labios rojos y brillantes, frescos y húmedos siempre, como la rosa que mojó el rocío?... ¿Por qué tocas los tuyos, amor mio? ¿Están secos? ¿Qué importa?... ¿Queman tánto?... No te aflijas por eso. Es el calor de la pasion ardiente, que les dá nuevo encanto... ¡Qué! ¿no recuerdas que me has dado un beso? Mas deja que te cuente cuánta locura me forjé de niño; deja que haga volver á mi memoria el delirio sin fin de aquel cariño. Deja que te retrate mis ensueños de gloria, deja que su recuerdo me arrebate. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Mira: tanto llegué á quererla un dia, tan loco y ciego estaba, que donde quiera que su pié ponia, su dulce huella con afan besaba. Absorbía el aroma de su aliento; sueño constante de mis sueños era; su hermosa imágen en mi sér vivia, y al sentir su contacto, de temor y placer me estremecia. Y guardo en mi memoria mil cantares que yo la oía, ó que escuché con ella; recuerdo con anhelo los lugares donde la ví una vez; y hasta las flores que su mano cuidaba, me han dejado recuerdo de su aroma y sus colores. Todo me la recuerda: el mar, la tarde, la luna con su luz vaga y dudosa; la primavera tibia y perfumada; la brisa juguetona y misteriosa; la noche oscura, el abrasado estío; el murmullo fugaz de la enramada; hasta de Dios la idea poderosa, funde con ella el pensamiento mio. ¡Oh! ¿por qué ha de pasar así la vida? ¡Cuánto, amor mio, diera, porque aquel tiempo y mi niñez volviera! Yo imaginaba... ¡loco desvarío! que acaso un tiempo fuera tan dichoso que junto á mí la viera unida en santo lazo, y me forjaba verla en mi hogar, partiendo mi destino, que mi nombre sus labios bendecian, que «hija mia» mi madre la llamaba, y que «madre» mis hijos la decian... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¿Lloras? Tu corazon he destrozado... —¡Si tú supieras lo que yo he llorado!...