Versos Spanish José Campo Arana Resignacion

Spanish poem

Resignacion

by (1847–1885)

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Cúmplase mi destino; yo no quiero luchar ya más contra la adversa suerte; el negro porvenir tranquilo espero, puestas mis esperanzas en la muerte. Siento que ya mis fuerzas agotadas, que mi mente, serena en otros dias, las unas por mis penas enervadas, la otra presa de horribles fantasías, ya nada oponen al terrible embate de ignota maldicion, que me persigue. Ya no espero vencer en el combate: ¿qué fuerza habrá que á combatir me obligue? Si es que merezco tal rigor, lo acato; quede vengado el crímen cometido: si es injusto placer de un Dios ingrato, goce en mi mal; ni compasion le pido. Yo volveré mis ojos anublados por un dolor mayor que mi arrogancia, no á los cielos sin nubes y azulados donde un Dios me mostraron en la infancia; yo de mi alma llevaré el desvío viendo á los hombres de pesares llenos, y buscaré, para consuelo mio, remedio no á mi mal, á los ajenos. Mi adios he dado sollozando y triste del amor á los goces inefables; ya la mujer que idolatré no existe sino en mis pensamientos implacables. Ellos me la retratan bella y pura como la flor al despuntar la aurora... —¡Sarcasmo horrendo! ¡Bárbara impostura! ¿Dónde estará la pobre pecadora? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Gloria, poder, serena paz del alma, tambien con su pureza habeis huido, y del mártir y el héroe la palma por siempre con vosotras he perdido. Ya ni gloria, ni amor, ni bien espero; y á tanto de mi suerte el odio alcanza, á tanto llega su castigo fiero... ¡que me deja vivir sin esperanza! Tal vez pensó la mano misteriosa que así á un suplicio eterno me condena, que al ver perdida mi ilusion hermosa, al verme entre las sombras de la pena, en justo desagravio del martirio que en un infierno convirtió mi vida, ciego, iracundo, presa del delirio fuese á buscar el arma del suicida... ¡Ah! nunca; suya fué la atroz sentencia que, dócil al capricho de mi suerte, me libró, sin pedirlo á la existencia, y ella no más ordenará mi muerte. Ella hará que este sér su afan soporte cercana viendo la entreabierta tumba, ni tan valiente que su vida corte, ni tan cobarde que al dolor sucumba. Como en la oscuridad busca el que ciega alivio de su bárbara fortuna, yo buscaré la paz que se me niega de mi propio dolor en la amargura. Veré pasar en juvenil cortejo tantos dichosos que envidiar debiera, y hallaré en su alegría algun reflejo del tiempo en que tambien dichoso era... ¿Envidiarlos?... ¿Por qué? ¡Yo me divierto ahogando en sus murmullos mi agonía... ¡Si aunque ellos la perdieran, sé de cierto que para mí su dicha no sería!