Spanish poem
El Ciprés
¡Árbol sagrado que la obscura frente, Inmóvil, majestuoso, Sobre el sepulcro humilde y silencioso Despliegas hacia el cielo tristemente! Tú, sí, tú solamente Al tiempo en que se duerme el rey del mundo Tras las altas montañas de occidente, Me ves triste vagando Entre las negras tumbas, Con los ojos en llanto humedecidos Mi orfandad y miseria lamentando. Y cuando ya de la apacible luna La luz de perla en tu verdor se acoge, Sólo tu tronco escucha mis gemidos, Sólo tu pie mis lágrimas recoge. ¡Ay! hubo un tiempo en que feliz y ufano Al seno paternal me abandonaba; En que con blanda mano Una madre amorosa De mi niñez las lágrimas secaba... ¡Y hoy, huérfano, del mundo desechado, Aquí en mi patria misma Solitario viajero, Desde lejos contemplo acongojado Sobre los techos de mi hogar primero El humo blanquear del extranjero! Entre el bullicio de los pueblos busco Mis tiernos padres para mí perdidos; ¡Vanamente!... los rostros de los hombres Me son desconocidos. Y sus manes, empero, noche y día Presentes a mis ojos afligidos Contino están, contino sus acentos Vienen a resonar en mis oídos. ¡Sí, funeral ciprés! cuando la noche Con su callada sombra te rodea. Cuando escondido el solitario búho En tus obscuros ramos aletea; La sombra de mi padre por tus hojas Vagando me parece, Que a velar por los días de su hijo Del reino de los muertos se aparece. Y si el viento sacude impetuoso Tu elevada cabeza, Y a su furor con susurrar medroso Respondes pavoroso; En los tristes silbidos Que en torno de ti giran, A los paternos manes Escucho que dulcísimos suspiran. ¡Árbol augusto de la muerte, nunca Tus verdores abata el bóreas ronco! ¡Munca enemiga, venenosa sierpe, Se enrosque en torno de tu pardo tronco! ¡Jamás el rayo ardiente Abrase tu alta frente! ¡Siempre inmoble y sereno Por las cóncavas nubes Oigas rodar el impotente trueno! Vive, sí, vive; y cuando ya mis ojos Cerrar el dedo de la muerte quiera, Cuando esconderse mire en occidente Al sol por vez postrera, Moriré sosegado A tu tronco abrazado. Tú mi sepulcro ampararás piadoso De las roncas tormentas; Y mi ceniza entonce agradecida, En restaurantes jugos convertida, Por tus delgadas venas penetrando Te hará reverdecer, te dará vida. Quizá sabiendo el infeliz destino Que oprimió mi existencia desdichada, Sobre mi pobre tumba abandonada Una lágrima vierta el peregrino.