Spanish poem
La palomita
¿Dime de dónde vienes?, dímelo por tu vida, ¿dónde vas?, ¿de quién eres, amable palomita?
-El amoroso Olmedo a su Nise me envía, a la graciosa Nise, su amor y su delicia. Yo antes era de Venus, y de las más queridas, yo su carro tiraba y en todo la servía. Mas del calor huyendo en un estivo día, o por buscar la sombra, que es del amor amiga, con mi amante palomo, blanco como yo misma, en una selva umbrosa entré, y me vi perdida. Que un cazador amable que allí por caso había nos mira, y nos asesta su cañón homicida. Mas se contuvo luego, no sé por qué, y con risa como que algo recuerda oí que me decía: «Si acaso eres de aquellas que allá en la Chipre tiran el carro de la madre de amorosas delicias, vuela allá desalada, cándida palomita, y en tu arrullo que entiende sólo Venus divina, dile que su poeta te libertó la vida».
Ajena ya del susto volé alegre y festiva a referirle a Venus lo de la selva umbría. En su caliente seno me acoge y me decía: «Ya estás en mi regazo ¿qué temes, cuitadilla?, no más de susto tiemblen tus cándidas alitas. Pero yo premiar quiero al que debes la vida. Ve a mi tierno poeta, dile que soy su amiga, y ofrécele mi gracia y protección divina».
De entonces dejé a Venus, dejé a Chipre por Lima, y vine a ser de Olmedo, que es la ternura misma. De entonces soy su esclava, y le sirvo muy fina: suya soy, y son suyas estas letras que miras. Libertad cuando torne dijo que me daría: mas yo sin él no quiero ni libertad ni vida. Con mi arrullo le aduermo, mi pico le acaricia, le cubro con mis alas en las mañanas frías. Comer quiero, y el grano pico en su mano misma; y si dormir, me arrulla su blanda y dulce lira.
Pero... ingrato me engaña; todo, todo es mentira, sus melosas palabras, sus besos y caricias. Yo estoy, oh pasajero, de los celos perdida, pues mi amo sólo quiere a una niña muy linda; y aun conmigo estos versos le manda a mi enemiga, a la graciosa Nise, su amor y su delicia. Adiós, sé delicado y calles, que la dicha de amar y ser amado, entre las almas finas, crece con el misterio mengua con la noticia. Y adiós, que me detengo más de lo que debía, y temo que mi ingrato al volver me reciba sin ojos placentero, sin su amable sonrisa, pues el que ama y espera con lo menor se irrita.