Versos Spanish José María Eguren De La Herbosa, Brillante Hacienda

Spanish poem

De La Herbosa, Brillante Hacienda

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De la herbosa, brillante hacienda en la capilla colonial, se veían los lamparines cerca de enconchado misal. Y solitarias hornacinas de vetusto color añil cuatro madonas lineales, óleos de negro marfil. Y su retablo plateresco, sus columnas de similor, estaban mustias, verdinosas por el tiempo deslustrador. Y los pesados balaustres e incrustaciones de carey eran de años religiosos; quizá del último virrey. Era obra de antiguos jesuitas, techo de roble y alcanfor, que despedía de murciélago un anciano y mustio olor. Sus caprichosos ventanales veían pesebre y pancal donde trinaban golondrinas al balido del recental. Oíamos arrodillados los niños desde el coril, la misa llena de murmurios y de fresco aroma cerril. Divisábamos cerro alegre, por el antiguo tragaluz, la murmuradora compuerta y los sauces llenos de luz. Y llegar oímos un coche de híspidos galgos al rumor; dos huéspedes se acercaron y una niña de Van Dyck flor. Estaba de blanco vestida, con verde ceñidor gentil, su cabello olía a muñeca y a nítido beso de abril. Diamante era en luces añosas, luz en cofre medioeval; acallaba aroma de cirio, con su perfume matinal. Y nos miraba dulcemente con primaveril sensación, junto al melodio desflautado que era de insectos panteón. Relinchaban en el pesebre el picazo y el alazán; soñamos pasear con ella a la luz del día galán. Llevarla ofrecimos, fugaces, por la toma, por el jardín, por la cerrada vieja colca y por de la hacienda el confín. Sus mejillas se coloreaban con primaveral multiflor, sus lindos ojos se dormían al áureo y tibio resplandor. Y nos hablaba con dulzura y cariñosa inquietud; cundían sueños plateados al ígneo sol de juventud. Sonó la campanilla clara seguida de dulce rumor de los tábanos. Nuestros padres, los de ella oraban con fervor. Al lado, con grandes espuelas, rezaba ronco el caporal, y también los peones que saben misterios del cañaveral. La acequia de cal y canto que iba del estanque al jardín, nos llamaba con el ensueño de madreselva y de jazmín. Correr ansiamos con la niña y en camelote navegar, para sentir, al aire verde, un repentino naufragar. Y salvarnos en la isla rosa, vivienda del insecto azul, como en el árbol de los cuentos donde canta el dulce bulbul. O llegar a gruta vistosa con los brillos del zacuaral, que habita el hada del estanque, que es una garza virreinal. Mas ella lanzó agudo grito a un pajizo reptil zancón, y los orantes la rodearon blancos de desesperación. En su cara sombras de muerte y de amargura descubrí: tenía en la pierna celeste un negro y triste rubí.